Caso «Pichi» Paredes: a tres meses de la muerte en la Comisaría, quiénes son los dos policías bajo la lupa en la causa

La querella sostiene que el calabocero y el jefe de guardia incumplieron el deber de custodia durante las horas previas a la muerte de Daniel Paredes y pidió que ambos sean imputados. La fiscalía, en cambio, aún no avanzó contra los efectivos.

A tres meses de la muerte de Daniel «Pichi» Paredes dentro de la Comisaría 12 de Valle Fértil, la querella pidió la imputación y detención de dos policías por considerar que no garantizaron la integridad física del detenido. Aunque la fiscalía sostiene que Paredes se suicidó, la familia sostiene que, incluso bajo esa hipótesis, existió una grave negligencia estatal que derivó en su muerte.

Según los médicos forenses, la causa directa de la muerte fue un ahorcamiento producido por un mecanismo de asfixia mecánica mediante compresión extrínseca del cuello. A su vez, la autopsia determinó que la causa básica correspondía a una lesión autoinfligida de manera intencional. Sobre esa conclusión se apoya la fiscalía para sostener la hipótesis del suicidio.

La familia nunca pudo ver el cuerpo de Daniel Paredes. Afirma que no le permitieron hacerlo antes de la autopsia, tampoco durante el velatorio ni antes de la inhumación. Para sus allegados, esa imposibilidad de despedirse profundizó las dudas sobre lo ocurrido aquella noche dentro de la Comisaría 12 y reforzó el reclamo de que la investigación avance hasta esclarecer todas las circunstancias de la muerte.

Comisaría 12 de Valle Fértil, lugar donde falleció Daniel Paredes. Foto: La Mecha

La querella pidió imputar por homicidio culposo a David Romero, quien cumplía funciones de calabocero, y a Jorge García, oficial de servicio y jefe de guardia esa noche. Para los abogados Néstor Olivera y Marcelo Sández, ambos incumplieron el deber de custodia que les imponía la ley. Su estrategia no pasa por demostrar que los policías tenían la obligación de impedir ese desenlace.

Además del homicidio culposo agravado por tratarse de funcionarios públicos, la querella pidió que ambos sean imputados por abandono de persona seguido de muerte e incumplimiento de los deberes de funcionario público.

Hasta el momento, la fiscalía mantiene la investigación en curso y no imputó a ninguno de los dos efectivos ni solicitó medidas cautelares en su contra. La querella, en cambio, ya reiteró en dos oportunidades el pedido de imputación y además requirió la prisión preventiva de ambos policías al sostener que existen elementos suficientes para avanzar por su actuación durante la custodia de Paredes.

Qué hicieron Romero y García durante la custodia

La reconstrucción de la noche surge del Libro de Novedades de la Guardia y del Acta del Primer Interventor de la Comisaría 12 de Valle Fértil, documentos que permiten seguir los movimientos de los dos policías durante las horas previas al hallazgo del cuerpo.

Romero intervino en dos momentos decisivos de esa noche: primero participó de la detención de Paredes y luego quedó a cargo de su custodia como calabocero. Sobre las 20:50, Romero, junto con el cabo Enzo Elizondo, interceptó a Alberto Daniel Paredes en la vía pública por disturbios e infracción a la Ley de Contravenciones. Tras el ingreso del detenido, Romero fue designado específicamente para cumplir la función de calabocero.

David Romero, el calabocero que está apuntado en la investigación. Foto: Instagram

El último control documentado mientras Paredes permanecía con vida ocurrió a las 23.55. El calabocero realizó una recorrida por el sector de celdas donde entrevistó a Paredes, quien le solicitó ir al baño. Romero dejó constancia de que, en ese momento, se encontraba «sin novedad».

Según consta en la investigación, a las 00.06 Romero y el comisario Omar Reinoso encontraron a Paredes colgado de los barrotes de la celda con una manga de su camisa. Romero desató el nudo, bajó el cuerpo e inició maniobras de RCP hasta la llegada del personal médico.

Entre el último control registrado y el hallazgo del cuerpo transcurrieron apenas once minutos. Ese lapso es el principal punto sobre el que la querella construye su acusación contra los dos policías.

García se desempeñaba como oficial de servicio y era el jefe de guardia esa noche. Tras el hallazgo del cuerpo acudió al sector de calabozos, colaboró en las maniobras para bajar a la víctima y participó de la reanimación junto con Romero y el comisario Omar Reinoso.

Luego de que la médica constatara el fallecimiento, García informó lo ocurrido, resguardó el lugar y realizó las comunicaciones de rigor con las centrales de emergencia. A las 6.50, por directivas del ayudante fiscal, ordenó la clausura del sector de calabozos a la espera de la autopsia definitiva.

Por qué la querella habla de una «brecha de control»

Para la querella, esos once minutos constituyen una «brecha de control» incompatible con el deber de vigilancia permanente que pesa sobre cualquier detenido bajo custodia policial. Según la presentación, entre la última revisión registrada (23.55) y el hallazgo del cuerpo (00.06) no existen constancias de nuevos controles. La diferencia entre las partes radica en el alcance del deber de custodia: mientras la fiscalía entiende que el calabocero estuvo ausente apenas unos minutos, la querella sostiene que la vigilancia debe ser permanente y que cualquier interrupción constituye un incumplimiento de las obligaciones legales de quienes tenían a su cargo la integridad física del detenido.

La querella también señala presuntas irregularidades en los registros de guardia. Según la presentación, Romero ya figuraba como responsable del sector de calabozos antes de haber regresado a la comisaría tras la detención de Paredes.

Un punto clave del pedido es que, legalmente, el hecho de que Paredes se haya quitado la vida no interrumpe el nexo causal de la responsabilidad policial. La muerte por suicidio de una persona bajo custodia es un resultado previsible que los reglamentos ordenan prevenir. La jurisprudencia internacional establece que el Estado no se exonera de responsabilidad si la vigilancia debida fue omitida.

La querella también fundamentó el pedido de prisión preventiva en un presunto riesgo de entorpecimiento de la investigación. Argumentó que ambos policías siguen en funciones y que gran parte de los testigos pertenecen a la misma fuerza.

Mientras la discusión judicial gira en torno a las responsabilidades de los policías que estaban de guardia aquella noche, en Valle Fértil el caso continúa movilizando a buena parte de la comunidad.

Familia y allegados siguen pidiendo justicia

En Valle Fértil la muerte de Daniel «Pichi» Paredes sigue siendo una herida abierta. A tres meses del hecho, familiares, amigos y vecinos continúan reclamando justicia y rechazan la versión oficial de que el hombre se quitó la vida dentro de un calabozo.

Daniel Alberto Paredes, conocido en Valle Fértil como «Pichi» o «Pichirica», tenía 47 años y vivía en San Agustín. Quienes compartieron su vida cotidiana lo recuerdan como un hombre atravesado por la vocación de servicio, la fe religiosa y una sensibilidad intelectual poco habitual.

Su historia personal también estuvo marcada por la ausencia. Se crió junto a su abuela y su hermano Renato en una vivienda ubicada frente a la Escuela N° 722. Su madre había fallecido hacía más de veinte años y su padre estuvo ausente durante gran parte de su vida.

Era padre de tres hijas —de aproximadamente 20, 17 y 13 años—, con quienes mantenía contacto y que solían visitarlo cuando regresaban al Valle.

Vivía de manera sencilla en la casa heredada de su familia, sin luz ni gas, y se calefaccionaba con una chimenea. Trabajaba para el municipio en la limpieza de plazas y complementaba sus ingresos con changas de pintura, plomería, electricidad y corte de pasto. Sus vecinos recuerdan que aceptaba trabajar por un plato de comida o por sumas mínimas si eso significaba ayudar a alguien.

La fe ocupaba un lugar central en su vida. Participaba en reuniones religiosas, oraba con sus amigos y leía la Biblia con frecuencia. Quienes lo conocían lo describen como una persona inteligente, respetuosa y poco agresiva. Entre sus amigos también era conocido por su interés por la literatura: uno de sus libros favoritos era Las enseñanzas de Don Juan, de Carlos Castaneda. Aunque padecía alcoholismo y atravesaba un tratamiento psicológico, sus allegados aseguran que tenía proyectos para reordenar su vida.

Renato Paredes, el hermano de «El Pichi», durante una de las marchas.

Ese recuerdo es el que, según familiares y amigos, sostiene el reclamo que mantienen desde el día de su muerte. En estos tres meses realizaron catorce marchas alrededor de la Plaza San Agustín y frente a la Comisaría 12 de Valle Fértil. Todos los jueves vuelven a concentrarse para exigir justicia y reclamar que se esclarezcan las circunstancias en las que Paredes murió mientras permanecía bajo custodia policial.

Para familiares y amigos, la investigación todavía no logró responder la pregunta que los moviliza desde hace tres meses: qué ocurrió realmente dentro de la Comisaría 12 durante los últimos minutos de vida de Paredes.

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