«Nadie se salva solo»: un espacio de escucha en la Catedral de San Juan

Es atendido por voluntarios que prestan servicio bajo estricta confidencialidad a personas en situaciones de vulnerabilidad.

¿Qué busca una persona cuando atraviesa un momento de crisis? La Catedral de San Juan da una respuesta que va más allá de su comunidad religiosa: el Ministerio de la Escucha. «Se trata de sentirse acompañado, saber que alguien escucha, que uno no está solo, esa es la idea» explica María Elisa Salguero, una de las tantas voluntarias que prestan servicio en el lugar, en un pequeño cuarto ubicado en la entrada.

La iniciativa surgió cuatro años atrás, cuando el párroco Andrés Riveros detectó que muchos fieles acudían al confesionario más para expresar sus dolencias cotidianas que para recibir únicamente el perdón. Pronto la idea fue tomando forma y se decidió que el espacio estuviera disponible también a quienes no fueran estrictamente católicos.

«Al principio no venía mucha gente, pero se empezó a correr la voz, por el boca a boca y las redes sociales. Hay días que no viene nadie, algunos preguntan, otros pasan de largo. Pero hay días que tenés gente esperándote, haciendo fila en la puerta» dice Salguero.

La escucha no es más que una contención emocional y espiritual para quien acude a ella. No es una terapia psicológica. La voluntaria cuenta que «cuando estás abrumado por un problema y no sabés por donde salir, cómo sacarlo, el hecho de compartirlo, de abrirte a otra persona que sabés que no te va a juzgar, puede ordenar algunas cosas«.

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En un contexto de profunda crisis económica, de aislamiento y ruptura de las relaciones sociales, lugares como éste se vuelven sumamente valiosos para quienes no pueden acceder a una consulta psicológica. Al Ministerio de Escucha acuden personas en situación de calle, de barrios vulnerables, con deudas, que enfrentan situaciones de abuso o de adicción. Para todos ellos, la Catedral es un lugar de descanso, una pausa entre tanto ruido.

El problema más frecuente que yo escucho acá
es la soledad y la droga

El funcionamiento de este espacio se sostiene sobre estrictas pautas de reserva y respeto. Los voluntarios tienen prohibido revelar las identidades de quienes asisten, así como tampoco pueden juzgarlos. Como recurso complementario, disponen de una lista de contactos útiles como refugios o especialistas.

El equipo está integrado únicamente por laicos y funcionan de manera coordinada, planificando turnos, capacitaciones y evaluaciones mensuales. El servicio funciona de lunes a viernes, en turnos de mañana y tarde, cubriendo una hora y media previa a cada misa

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