Milei habló de soberanía en el Atlántico Sur con un discurso escrito en la Embajada de EE.UU.

Milei intenta capitalizar un discurso nacionalista y soberano, pero sin una política exterior efectiva para Malvinas.

El jueves, en cadena nacional, Javier Milei habló sobre la soberanía argentina en Malvinas, el Atlántico Sur y la Antártida. El discurso fue anunciado días atrás en función de la declaración de Donald Trump acerca de retirar el apoyo histórico de los Estados Unidos a la presencia británica en la región: «siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas».

No es la primera vez que los Estados Unidos pone en duda su posición respecto a Malvinas. En abril, el Pentagono filtró un documento que proponía revisar la legalidad de «las posesiones imperiales europeas» y nombraba explícitamente a las Islas.

La filtración funcionó para presionar al Reino Unido a comprometerse en la ofensiva de Estados Unidos contra Irán. Una semana después, el rey Carlos III visitó a Donald Trump, quien declaró: «Los estadounidenses no han tenido amigos más cercanos que los británicos«.

Hoy, las declaraciones del magnate estadounidense acerca de Malvinas tienen la misma intención: obligar al Reino Unido a aumentar los aportes que realiza a la alianza militar OTAN. Aun así, Javier Milei ve en este contexto la oportunidad de capitalizar un discurso nacionalista y soberano, un aspecto criticado desde adentro y afuera de su gobierno por su ausencia en sus tres años de gestión.

En su discurso, el presidente combinó definiciones geopolíticas, medidas sancionatorias inmediatas y una marcada sintonía con la administración de Donald Trump. Milei anunció un paquete de decretos y el envío urgente al Congreso de una Ley de Defensa de la Soberanía Nacional para bloquear de manera directa el proyecto petrolero Sea Lion en la Cuenca Norte de las Islas Malvinas.

El proyecto en cuestión es operado por dos empresas, una británica (Rockhopper Exploration) y otra israelí (Navitas Petroleum). Milei explicó la urgencia por poner en marcha políticas soberanas a tres años de comenzado su gobierno: «el proyecto tiene fecha para iniciar la explotación petrolera offshore en algún momento de los próximos meses. ¿Qué significa esto? Que si hoy no actuamos con firmeza y celeridad, en pocos meses tendrán la capacidad material de apropiarse de las reservas de petróleo que yacen bajo nuestro mar, algo que no había ocurrido nunca antes hasta ahora».

La ley prometida serviría para endurecer sanciones a empresas que directa o indirectamente participen de la explotación de recursos naturales soberanos en territorio ocupado. Algo que, concretamente, ya estaba dicho en la ley 26.659 sancionada en 2011, y en la ley 26.915, del 2013.

Además, Javier Milei anunció la ampliación de recursos del Ministerio de Defensa para construir una base naval integrada en Tierra del Fuego. Esta iniciativa comenzó en 2022 y, desde entonces, captó la atención del Comando Sur de los Estados Unidos. En abril de 2024, Laura Richardson, quien fuera comandante del cuerpo militar destinado a Sudamérica, visitó Ushuaia para monitorear los avances en la construcción de la base.

La base naval integrada está ubicada en un sitio estratégico, en el paso marítimo natural entre los océanos Atlántico y Pacífico; funcionaría como un polo logístico esencial para la defensa nacional y para garantizar la permanencia en la Antártida. En su discurso, el presidente mencionó esta base y reiteró el apoyo total con Estados Unidos, lo que podría abrir la posibilidad de una futura presencia militar norteamericana en Tierra del Fuego.

Javier Milei ensaya declaraciones soberanistas sin una política exterior que apunte a recuperar el control de Malvinas. Al mismo tiempo que Donald Trump utiliza las Islas como moneda de cambio, los gobiernos de Brasil, Uruguay y Chile avanzan en acuerdos comerciales y militares con el Reino Unido.

En marzo del 2026, Brasil y el Reino Unido firmaron un acuerdo por el que se comprometían a cooperar en comercio, seguridad y defensa, con objetivos planteados para el 2030. Lo mismo hizo Chile, que impulsa el aumento del presupuesto en defensa y acordó con los británicos la cooperación de sus Fuerzas Armadas.

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