Alerta por El Niño en San Juan: las comunidades originarias exigen participar en la gestión del agua

Tras años de sequía y ante la crecida histórica del río San Juan, las comunidades originarias reclaman un lugar en el comité de emergencia, obras para evitar inundaciones en Encón y que no se priorice solo al sector agropecuario.

Después de años de sequía, San Juan se prepara para recibir mayores caudales por el deshielo. Pero aguas abajo, donde viven comunidades huarpes que padecen desde hace años la falta de agua, la preocupación es doble: puede que el río llegue sin las obras necesarias para evitar inundaciones, como también puede que el agua no llegue y continúen sin agua para subsistir ni para sus animales. Las primeras acciones fueron dispuestas por el Departamento de Hidráulica y el Ministerio de Infraestructura, pero las comunidades indígenas locales no fueron convocadas. Las familias exigen participar activamente de las decisiones que tome el Estado en el manejo del agua.

«Los productores son escuchados, la minería es escuchada, todo el mundo es escuchado, y todo el mundo tiene algo para decir con respecto al río. Las comunidades piden ser escuchadas, quieren ser parte del debate, para ellas el agua es parte de su territorio y de su vida», señaló Javier Alamino, apoderado legal de las comunidades.

A través de los abogados Alamino y Ariel López, las comunidades Salvador Talquenca (ubicada sobre la Ruta Nacional 20) y Clara Rosa Guakinchay (en 25 de Mayo) presentaron un reclamo formal para exigir el cumplimiento del derecho a la Consulta Previa, Libre e Informada y su incorporación inmediata a la Coordinación Provincial de Respuesta ante Emergencias (COPRE). La presentación pide además la inclusión del resto de los asentamientos de la zona: Aguas Verdes, Sawa y Colchagual (en Sarmiento) y Pinkanta (en Encón).

Tras el petitorio, las autoridades convocaron a un primer encuentro relámpago, pero el aviso fue de un día para otro y las familias de los parajes más distantes no pudieron desplazarse. Para subsanarlo, se acordó reprogramar una reunión plenaria con todas las comunidades para el próximo 14 de octubre, donde el Gobierno se comprometió a proveer el transporte desde Encón y zonas aledañas. En paralelo, ya se realizó una primera reunión operativa del COPRE con la comunidad Pinkanta, de la que participaron el titular de Hidráulica, José María Ginestar, el jefe de Asesores, Rodolfo Colombo, y representantes del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI).

La doble preocupación: inundación o sequía

Para las comunidades, la mala gestión del agua representa una amenaza doble.

Por un lado, preocupa el exceso. Tras décadas seco, el cauce del río San Juan está tupido de vegetación y tapado por médanos. Una crecida súbita y sin control arrasaría con sus puestos, corrales y viviendas, además de contaminar los pocos pozos de agua dulce. Para evitarlo, exigen que el Estado ejecute obras urgentes de encauzamiento, limpieza y levantamiento de defensas antes de que comience el pico del deshielo.

Por otro lado, preocupa la falta de agua. El Gobierno provincial anunció un esquema de obras concentrado en la cuenca alta y media para recargar acuíferos y garantizar el recurso al sector agropecuario —principalmente en la llamada «tercera zona de riego» (Calingasta, Iglesia, Jáchal y Valle Fértil) y el Valle de Tulum—. Para las familias huarpes, esta planificación amenaza con filtrar o retener todo el caudal aguas arriba, impidiendo que el río vuelva a correr por sus tierras.

«Los finqueros deciden si largan más o menos caudal; se creen los dueños del agua y, bajo esa mirada tradicional, para ellos las comunidades indígenas directamente no existen», denunció Alamino.

Para mitigar esta vulnerabilidad, los pobladores piden que el Estado envíe maquinaria pesada para dragar y profundizar sus aguadas y represas artesanales de tierra. Al no contar con red de agua potable, esas piletas son la única vía que tienen para acopiar el agua de lluvia y sostener a sus familias y animales.

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La disputa histórica por el recurso y la promesa de Guanacache

El reclamo actual destapa una inequidad estructural en la provincia. «Históricamente, en San Juan las decisiones sobre el agua las toman los grandes productores, los finqueros. En los últimos años se sumó la minería, aunque ellos sacan el recurso directamente de la cordillera. Los finqueros se creen los dueños del agua», denunció el abogado Javier Alamino.

En medio del conflicto, el Departamento de Hidráulica confirmó públicamente que la provincia intentará canalizar el agua para que vuelva a alimentar el histórico sistema de las Lagunas de Guanacache. Sin embargo, aclararon que el proceso será lento: como el terreno está seco hace décadas, el agua primero deberá recargar los acuíferos subterráneos y saturar la cuenca. De acuerdo a las estimaciones oficiales, el escurrimiento fluido hacia el humedal recién se concretaría hacia abril o mayo de 2027.

Representantes de la Comunidad Pinkanta participaron de un encuentro con autoridades provinciales. Foto: SI San Juan

Las familias del lugar resisten en el lugar con agua trasladada desde el municipio, agua que reparten entre los caprinos y la poca vegetación que ahí crece. Para el consumo humano, el agua llega una vez al mes en un camión cisterna del municipio de 25 de Mayo. Pero los 8.000 litros de agua mensuales no les alcanzan. Por eso, las familias viajan en vehículos particulares hasta El Encón, a 30 kilómetros, para cargar o comprar bidones.  

El agua de los animales se extrae de un pozo de más de 100 metros de profundidad. Según los propios habitantes, esa agua “está llena de arsénico“, por lo que muchos animales se resisten a tomarla. Además, la falta de riego del terreno por las escasas lluvias genera la muerte masiva del ganado, que no tiene cómo alimentarse.

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«Todo lo que es agua a las comunidades les afecta de un modo sensible», explicó Alamino.

El contexto global: un fenómeno climático sin precedentes

Toda esta tensión local se da en el marco de un escenario meteorológico extraordinario. Organismos científicos internacionales alertan que el actual fenómeno de El Niño perfila para ser uno de los más intensos desde 1950.

En América Latina, el impacto viene mostrando una realidad dividida: mientras que regiones de Centroamérica, el Caribe, Colombia y Venezuela enfrentan sequías severas, los países del Sur —como la costa de Perú, Ecuador, Brasil, Uruguay, Paraguay y la Argentina— sufren excesos de precipitaciones y riesgos de inundación.

En San Juan, las nevadas extraordinarias registradas durante el invierno en la cordillera incrementarán significativamente los caudales de escurrimiento y deshielo hacia las cuencas de los ríos de Cuyo.

Para las comunidades huarpes de Encón, la discusión de fondo es que necesitan agua para subsistir, pero también medidas para que las lluvias o crecidas no arrasen con sus casas. De las decisiones que tome el Estado en las próximas semanas dependen cientos de familias en el desierto.

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