Minerva y el EP maldito: Anémona ve la luz en todas las plataformas
Los pioneros del superjazz estrenaron su primer material de estudio el 30 de enero. La odisea de grabar, la química instantánea y una radiografía de la escena under sanjuanina.
El 30 de enero, Minerva estrenó Anémona, su primer EP. En menos de 30 minutos, el disco condensa más de cinco años de ensayos, idas y vueltas, un mes de composiciones frenéticas en Buenos Aires, la estafa de un productor misterioso que se fugó a España y hasta un homenaje a Gonzagueando de Cama de Gato, el tema del programa Memorias de Chiche Gelbung.
Son los pioneros del superjazz. Son una de las bandas más convocantes del under sanjuanino. En un momento se llamaban Iris y estuvieron a punto de ser El sargento Galván y sus militantes antes de bautizarse Minerva (por la perra de Damián Kuc). La banda está compuesta por Pedro Romano y los hermanos Nicolás y Tomás Klement (o Teka). Hasta hace poco, estaba también Facundo Galván.
Minerva fue idea de Nicolás Klement. Cansado de practicar sólo las partituras de la Escuela de Música, en 2021 se propuso formar su primera banda junto a su hermano Tomás (ex Janemba), Pedro Romano (ex Asterias) y Facundo Galván. «No tenía tiempo para componer, ni para ningún proyecto. Cuando terminé de rendir le dije al Galván y al Teka, y el Teka le dijo al Pedro, que quería hacer un EP de tres canciones, una canción por día», recuerda Nicolás. Era 2021, plena pandemia. Teka confesó que, durante una tocada de Asterias, le dijo a Galván que «no va a pasar nada con esto, estaba muy frustrado, nos vamos a juntar y va a ser una poronga. Y bueno ahora acá estamos».
«Nos juntamos a zapar a ver cómo fluíamos y tocamos Anémona, así, a la primera», dice Nicolás. «Parecía que ya estaba compuesta», agrega Teka.
Desde entonces, han tocado en casi todos los espacios de la provincia, desde El Huazi a la Fiesta del Sol; han compartido escenario con artistas como WRRN y Militantes del Clímax; y se consolidaron como una de las bandas más importantes de la escena sanjuanina.

Suena superjazz en una sala de ensayos escondida en pleno Barrio San Martín. Tomás Klement ordena la tropa desde el micrófono (que aquella tarde no está para otra cosa, porque las canciones de Minerva, a excepción de sus colaboraciones con ElNorteDelSur, son instrumentales). El lugar es propiedad de Gonzalo Molina, baterista de Fungis y ex Canal 46.
Los Minerva coinciden en que la pandemia dejó una herida de gravedad en la escena musical sanjuanina. «Ahora resucitó», opina Nicolás. «Lo único que tiene San Juan es que no hay una plataforma que sostenga a los músicos, una base segura para que las bandas crezcan», agrega Teka. Se refiere a espacios para tocar y a estudios accesibles para los artistas independientes.

«Aún así, la gente se organiza. Tocamos donde sea y la gente va. Aunque no haya una plataforma, la creamos. Eso es difícil, porque en San Juan llaman a la yuta y se corta todo».
Tomas Klement
Pioneros del superjazz
No está claro a quién se le ocurrió el término superjazz, pero la narrativa en torno al nuevo género fue uno de los factores que explican a Minerva. «Pronto se va a entender mejor», advierte Pedro. «Cuando estábamos por tocar te ponían en el flyer qué género hacías», explica Nicolás. «No sabíamos qué decir. Boludeábamos con subjazz, suprajazz«, hasta que se decidieron por aquel término.
A esa mezcla de jazz, stoner, hip hop, mathjazz y rock progresivo que es el superjazz se le suma las intervenciones en vivo del poeta y performer Facundo Luna. También colaboran raperos, como el dúo ElNorteDelSur (Fidel Benitez y Jere Cortez) y Marzio. Todo eso confluye en una puesta de escena arriesgada. Tiene frutos: «Sentimos que Minerva es estable y eso vale más que convocar mucha gente», explica Pedro. «Que la gente todo el año quiera ir a verte tocar vale más».
La odisea de Anémona
Desde aquellos ensayos en 2021, de la idea de componer y grabar tres temas en tres días, pasaron muchas cosas. Los Minerva recuerdan una session fallida en Buenos Aires, que «no vamos a publicar nunca». Por aquel entonces, Pedro Romano y Facundo Galván vivían y estudiaban en la capital y surgió la oportunidad de dejar un registro audiovisual de sus canciones. Los hermanos Klement se instalaron en Buenos Aires durante un mes que fue frenético.
«Era todos los días ensayar, tirar ideas y después del ensayo quedarnos grabando», recuerda Nicolás Klement. «Hay temas que terminamos cinco días antes de grabar», dice su hermano. Sin embargo, desde el rodaje de la session, las canciones fueron madurando en su forma final, lo que hizo desistir a los Minerva de publicarla. Lost media. Ese perfeccionismo fue una constante en todo el proceso (los procesos) de producción de Anémona.

Después vino un incidente. Ya de nuevo en San Juan (y con un subsidio del Instituto Nacional de la Música que los apremiaba), la banda recurrió a un productor para mezclar y masterizar las canciones. «Le pagamos, nos dio la factura [que debían presentar al INAMU]. Nos mezcló un tema, le pedimos unas correcciones y dejó de responder, se fue a vivir a España», relata Tomás Klement. El productor nunca devolvió la plata.
Fue entonces que decidieron encargarse ellos mismos de la mezcla y el master. «Sonaba bien, pero faltaba algo», dice Teka. Ahí entró en escena Matías Portillo, a quien conoció en un curso de producción musical. «Nos salvó la vida. Me empecé a juntar con él lunes, miércoles y viernes, todas las semanas durante casi un año. Se la pasaba mezclando, mandándome referencias. Una masa».

Hoy, por fin, Anémona vio la luz. El EP está disponible en todas las plataformas.
