Hidráulica taló árboles por obras de prevención y la comunidad advirtió negligencia ambiental

La Dirección de Hidráulica erradicó una franja arbolada de entre 200 y 300 metros en los fondos de El Pinar, a la salida del Dique Ignacio de la Roza. La obra, vinculada a la previsión de grandes caudales, generó cuestionamientos por su impacto ambiental y la falta de información sobre la tala.

La intervención se concentró en el cauce del Río San Juan, a la salida de las compuertas del Dique Ignacio de la Roza y en los fondos de El Pinar. En esa franja, de entre 200 y 300 metros de longitud, crecía una masa arbolada histórica compuesta por eucaliptos y vegetación de monte. Además de formar parte del paisaje del lugar, esa vegetación contribuía a sostener el terreno y constituía un espacio para la fauna local.

Las denuncias de vecinos y los testimonios de visitantes habituales también pusieron el foco en el impacto social de la obra. El sector funcionaba como uno de los pocos espacios públicos de acceso gratuito de la zona, donde familias de escasos recursos encontraban sombra y un lugar de recreación. Después del paso de la maquinaria pesada, la vegetación fue eliminada y el paisaje quedó completamente transformado.

El ritmo de la intervención está relacionado con un cambio marcado en las condiciones hidrológicas. Después de varios años de sequía, durante los cuales el cauce bajo permaneció con volúmenes mínimos de agua, la vegetación pudo crecer sin representar un obstáculo significativo para el escurrimiento. Ahora el escenario es diferente. El fenómeno del «Super Niño» estuvo acompañado por nevadas históricas en la cordillera y por la expectativa de un volumen de agua muy superior al de los últimos años.

Las proyecciones oficiales prevén erogaciones y caudales que no se observaban desde la década de 1980. Durante aquellos años de grandes crecidas, el río recuperó sectores de su cauce y provocó desmoronamientos en las orillas, además de afectar fincas y zonas bajas. Frente a la llegada de un volumen de agua de esas características, la Dirección de Hidráulica aceleró las tareas de adecuación de la red hídrica para preservar la capacidad de amortiguamiento de los embalses y evitar desbordes en los aliviaderos.

La intervención tiene como objetivo garantizar el funcionamiento de las obras de cabecera y mantener despejada la zona inmediata a las compuertas y al desarenador, donde la presencia de árboles podía dificultar el paso del agua y las tareas de operación de la infraestructura.

La controversia aparece al analizar hasta dónde debía extenderse el desmonte. Vecinos y especialistas cuestionan que la intervención haya avanzado más allá de las áreas estrictamente vinculadas con las compuertas y la descarga. En ese punto aparece uno de los principales dilemas de la obra, ya que la vegetación ubicada en las márgenes también cumple una función sobre la estabilidad del suelo aluvional y puede contribuir a contener la erosión de los bordes del río.

Otro de los puntos centrales del reclamo es la falta de información previa sobre el impacto de la intervención. Hasta el momento, no se ha precisado públicamente la cantidad de árboles erradicados ni se conoce un inventario forestal específico de la zona intervenida. Tampoco se ha informado la existencia de un plan de mitigación, reforestación o compensación ecológica asociado a la tala.

La discusión alcanza también a los controles ambientales que precedieron al ingreso de la maquinaria. Desde la perspectiva de la gestión técnica se sostiene que este tipo de maniobras no requeriría permisos ambientales especiales, debido a que se trata de un sector con infraestructura pública en el que la prioridad operativa es remover la vegetación que pueda afectar el funcionamiento de las compuertas y los desarenadores.

Foto: Club de Observadores de Aves de San Juan – COA SJ (Aves Argentinas)

Por otro lado, desde una perspectiva ambiental, la eliminación completa de la vegetación también genera interrogantes sobre el comportamiento del cauce frente a las próximas crecidas. La extracción de árboles y matorrales, junto con el movimiento de suelo producido por la maquinaria pesada, modifica las condiciones naturales del terreno y elimina parte de la resistencia que ofrecía la vegetación al avance del agua.

Al despejar y profundizar el cauce, el escurrimiento puede adquirir mayor velocidad y modificar su comportamiento aguas abajo. El riesgo señalado por especialistas es que una intervención pensada para facilitar el paso del agua termine aumentando la energía de la corriente en determinados sectores y genere nuevos procesos erosivos durante las crecidas.

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