Hacer periodismo también es abrir la casa
Durante tres días, La Mecha dejó por un rato su rutina de redacción para convertirse en anfitriona del 2.º Foro por la Soberanía Comunicacional. Periodistas, comunicadores y trabajadores de medios de distintas provincias llegaron a San Juan para discutir cómo sostener el oficio en tiempos de plataformas, precarización y concentración. El encuentro se organizó de una manera bastante conocida para la cooperativa: entre varios, a pulmón y haciendo rendir cada recurso.

El jueves había que estar temprano en la Facultad de Ciencias Sociales. Había gente que llegaba de otras provincias, cosas que terminar de acomodar y una agenda que, como suele pasar con estas cosas, sobre el papel parecía bastante más sencilla de lo que después fue.
Durante tres días, La Mecha dejó por un rato su rutina habitual para convertirse en anfitriona. El medio que todos los días intenta sostener una página, producir contenido y pagar el trabajo de quienes lo hacen se encontró organizando un encuentro federal de comunicación.
Así llegó a San Juan el 2.º Foro por la Soberanía Comunicacional, organizado por La Mecha junto con la Red de Medios Digitales. Periodistas, comunicadores, dirigentes, estudiantes y referentes sindicales viajaron desde Mendoza, La Rioja, Córdoba, Neuquén, Tucumán y Buenos Aires. También participaron representantes de la conducción nacional de la Federación Argentina de Radios Comunitarias (FARCO) y del sindicato de prensa local.

La primera edición había sido en La Plata, a comienzos de junio. Esta vez tocaba acá. Y organizarlo implicaba bastante más que armar una grilla de actividades. Había que conseguir dónde dormir, qué comer, cómo trasladarse a las delegaciones y, en el medio de todo eso, garantizar el tiempo y el nervio para discutir sobre periodismo y comunicación popular.

Una universidad que también fue parte del encuentro
Buena parte del Foro ocurrió dentro de la Universidad Nacional de San Juan. No solamente porque allí estaban las aulas y el Salón de Actos de la Facultad de Ciencias Sociales, sino porque la universidad terminó siendo una pieza importante de toda la organización.
La UNSJ, a través de la Facultad de Ciencias Sociales y el Departamento de Ciencias de la Comunicación, brindó el respaldo institucional y puso a disposición los espacios. También permitió resolver parte de la logística que, para un encuentro de estas características, no es un asunto menor.
Las delegaciones que llegaron desde otras provincias tuvieron alojamiento en El Palomar y las comidas y viandas se resolvieron a través del comedor universitario. Puede parecer un detalle. No lo es.

Para organizar un encuentro federal, cada una de esas cosas representa tiempo y plata. Y en un momento particularmente difícil para las universidades públicas, el acompañamiento de la UNSJ permitió que el Foro pudiera hacerse.
Durante esos días, además, las aulas se llenaron de gente que discutía justamente sobre una de las cosas que también atraviesan a la universidad. Quién produce información, quién decide qué circula y qué lugar tienen los medios que trabajan por fuera de las grandes empresas de comunicación.
La discusión, de las plataformas a la plata
La mañana del jueves estuvo dedicada a los paneles.
El primero preguntó «¿Quién controla la información en la era de las plataformas?». La conversación pasó por el poder de las grandes corporaciones tecnológicas, los algoritmos y las granjas de bots utilizadas para instalar temas en la agenda o atacar a medios independientes y universidades.
Después llegó una pregunta bastante más terrenal: «El futuro de los medios autogestivos en este contexto de plataformas». Ahí apareció una preocupación que se repitió durante buena parte del encuentro. Cómo sostener un medio cuando hacer periodismo cuesta plata y, muchas veces, esa plata no está. La discusión sobre la precarización no quedó solamente en los salarios. También apareció en algo tan básico como las herramientas para trabajar.
Santiago Staiger, periodista de La Mecha, habló de la transferencia de costos y riesgos hacia los trabajadores. El teléfono, la computadora, la movilidad, internet. Todo hace falta para producir una nota, sacar una foto o subir un video. Y muchas veces todo eso lo paga quien trabaja.

También cuestionó el uso de la pauta oficial como mecanismo para disciplinar líneas editoriales y planteó la necesidad de buscar otras formas de sostenimiento, entre ellas los aportes de las audiencias y las alianzas estratégicas con universidades y sindicatos.
Yair Cybel, periodista del medio bonaerense El Grito del Sur y presidente de la Red de Medios Digitales, llevó la discusión hacia otro lugar. Definió el escenario virtual como una «guerra cognitiva”.

En ese diagnóstico, su propuesta fue construir vocerías locales jerarquizadas, capaces de narrar cada territorio con sus propias voces, tonos y categorías, pero articuladas alrededor de algunos temas comunes como Malvinas, industria y recursos naturales.
No es lo mismo contar la minería desde Buenos Aires que hacerlo desde una provincia donde la minería forma parte de la discusión política, económica y social de todos los días.
Lo que pasa mientras nadie está mirando
Después de los paneles quedaba todo lo demás.La persona que tenía que llegar. El horario que había que acomodar. Los mensajes. Las comidas. El alojamiento. Algún problema que aparecía a último momento y había que resolver. Esa parte casi nunca entra en una foto. Tampoco suele aparecer cuando se habla de medios autogestivos. Pero está ahí. Es parte del trabajo.
La mayoría de quienes participaron del encuentro tienen otros trabajos, otras responsabilidades y horarios que acomodar. El pluriempleo y la sobreexigencia forman parte de la vida cotidiana de muchos trabajadores de la comunicación. Para viajar hasta San Juan hubo que pedir licencias, cambiar turnos y hacer malabares.

Quizás ahí haya una parte importante de lo que significa hablar de comunicación cooperativa. No solamente en lo que se dice en una mesa, sino en la manera en que se hace posible que esa mesa exista.
La Mecha, del otro lado del mostrador
El medio que suele llegar a una actividad con una cámara, un teléfono o una computadora para contar lo que pasa esta vez estaba del otro lado. Había que recibir a los demás, pensar la organización y hacer que el encuentro funcionara.
No hubo una estructura enorme detrás. Hubo compañeros de trabajo, una red de medios, una universidad pública y muchas horas puestas para que las cosas salieran. Y eso, en cierto punto, no fue tan distinto de hacer La Mecha todos los días.
La cooperativa también funciona así. Con recursos limitados, repartiendo tareas, resolviendo problemas sobre la marcha y tratando de que el proyecto avance. A veces sale mejor. A veces cuesta bastante más. El Foro fue una experiencia más grande, pero la lógica fue la misma.
Tres días después, cuando las delegaciones empezaron a irse, quedó algo de ese movimiento en los pasillos de Sociales. Las discusiones, los contactos, algunas ideas para seguir trabajando y la certeza de que los medios de las provincias tienen mucho para decir cuando pueden encontrarse entre ellos.
El 2.º Foro por la Soberanía Comunicacional terminó en San Juan, pero la discusión sigue. Para La Mecha también quedó otra cosa. La comprobación, bastante concreta, de que aquello que se sostiene todos los días con trabajo cooperativo puede servir para construir algo más grande.
