Del derrumbe a la refundación: la historia que guarda la Cripta de la Catedral

Conocé la Cripta de la Catedral, un refugio de la memoria de San Juan, y la fotogalería especial de La Mecha.

Frente a la Plaza 25 de Mayo, rodeando las puertas de la Catedral, está la entrada a la Cripta. Allí, no solo se depositan los restos de los antiguos obispos de la provincia, sino que también se guarda una parte esencial de la historia sanjuanina.

La primera Catedral fue construida por la Compañía de Jesús en 1712, en la esquina de Portón y Real de las Carretas, como se llamaban las calles Rivadavia y Mendoza en aquél tiempo. El terremoto de 1944 dañó la estructura y, por seguridad, fue necesaria su demolición. También se derribó el palacio episcopal que había al lado para abrir paso a la Avenida José Ignacio de la Roza.

A partir de 1950 comenzó a gestarse el nuevo edificio. Durante los primeros años de la reconstrucción, los fieles improvisaron una gran carpa en la Plaza 25 de Mayo, donde pudieran reunirse en misa. Para 1960, la Cripta ya estaba lista y comenzó a funcionar como Catedral.

Pero la Catedral, tal como la conocemos hoy, se terminó de construir en 1979. A partir de entonces todas las actividades religiosas fueron realizadas allí, en superficie. La Cripta pasó a ser un mero depósito y, con los años, fue abandonada.

Pero en los últimos años las cosas cambiaron. En 2021 comenzó la restauración del lugar y, un año después, la Cripta abrió sus puertas al público, ya no solo como un sitio religioso sino también turístico.

Una pieza de historia sanjuanina

Al bajar las escaleras, lo primero que uno encuentra es el pasillo subterráneo que conecta la Cripta con el campanario (existe el mito de una red de túneles que conecta todo San Juan) y unos equipos eléctricos antiguos que reproducen el sonido de las campanas.

En el centro se halla el altar. Un colosal bloque de mármol travertino de 4.000 kilos extraído de las montañas de La Laja. La piedra fue bajada por una abertura en el techo, que en la actualidad permanece abierta en homenaje a quienes trabajaron en la obra.

Uno de los lugares más importantes de la Cripta es la celda donde yace Fray Justo Santa María de Oro. El sacerdote representó a San Juan en el Congreso de Tucumán que firmó la Declaración de Independencia en 1816 y contribuyó, además, con los preparativos logísticos que permitieron al Ejército de Los Andes, al mando del General San Martín, cruzar la Cordillera para liberar Chile y luego Perú.

En la Cripta no solo están depositados los restos de obispos de la provincia, allí también se guardan las cenizas de los fallecidos en el terremoto de 1944. Del derrumbe a la refundación, este hecho histórico une simbólicamente al pueblo sanjuanino con la Cripta.

Fotogalería

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