Cerró una metalúrgica histórica que trabajó en Veladero y Pascua Lama y los galpones chinos vuelven al debate 

La histórica metalúrgica de Escobar que levantó estructuras para Veladero, Pascua Lama y el Aeropuerto de Ezeiza bajó sus persianas golpeada por la baja actividad y la presión del material importado. El caso enciende las alarmas en el sector industrial tras el antecedente de Power China en San Juan y el impacto de los módulos prefabricados traídos del exterior.

La fábrica de estructuras metálicas DINSA (DIN S.A.), fundada en 1970 y radicada en el partido bonaerense de Escobar, cerró sus puertas después de más de cinco décadas de actividad. A lo largo de sus 56 años de trayectoria, la firma participó en más de 600 proyectos de infraestructura industrial y logística en todo el país. Entre sus trabajos se destacan el Hangar 5 de Aerolíneas Argentinas y la terminal de partidas conocida como el «Zeppelin» en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza.

Su presencia en la minería de San Juan también dejó una marca. En 2005 realizó la ingeniería y provisión de 725 toneladas de acero para el yacimiento Veladero y, además, intervino en las obras del proyecto binacional Pascua Lama. Sin embargo, el volumen de negocios esperado en el área minera tras su incorporación al Grupo Govan en 2024 no se concretó. La empresa inició entonces una reorganización estratégica que terminó con el cese definitivo de las actividades en su planta, la reasignación de parte del personal y acuerdos de retiro voluntario.

La marea de galpones chinos y el impacto en la industria metálica

El cierre de DINSA vuelve a poner sobre la mesa un problema que atraviesa a buena parte de la metalurgia pesada argentina. Desde la Cámara Argentina del Acero (CAA) han advertido sobre el estancamiento de la construcción y de la industria manufacturera, a lo que se suma la «creciente presión de las importaciones, particularmente de productos provenientes de China, en toda la cadena de valor, impulsadas por su elevada sobrecapacidad productiva y sus bajos precios».

La situación puede verse en distintos corredores industriales del país, donde crece el ingreso de galpones y naves modulares prefabricadas importadas directamente desde China. Los contenedores llegan ensamblados e integrados desde origen, con grifería, instalaciones e incluso la tornillería, para abastecer campamentos y obras vinculadas a desarrollos extractivos. La llegada de estos kits terminados desplaza parte de la producción nacional de estructuras metálicas y, con ella, puestos de trabajo de la industria metalúrgica argentina.

El antecedente Power China en el proyecto Vicuña

La discusión sobre la importación de infraestructura modular tuvo uno de sus principales capítulos en San Juan con el megaproyecto minero Vicuña, cuyo desembolso proyectado alcanza los US$18.000 millones. Para la construcción del campamento modular, con capacidad prevista de entre 2.000 y 8.000 plazas, la propuesta de la empresa local Modular Host, cercana a los US$70 millones, fue desplazada por la oferta del consorcio estatal Power China, que se adjudicó la obra por US$52 millones.

La diferencia de US$18 millones entre ambas cotizaciones representó apenas el 0,1% de la inversión total prevista para Vicuña. Sin embargo, el impacto sobre la cadena de valor regional fue significativo. Según los datos citados en torno a la licitación, si la estructura se hubiera fabricado localmente se habrían generado cerca de 500 puestos de trabajo directos en San Juan y en provincias vinculadas a la provisión de acero. Con la importación de los módulos terminados desde China, la demanda laboral se redujo a unos 50 operarios, destinados exclusivamente a las tareas de montaje.

El desembarco de estructuras importadas volvió a poner en discusión el impacto del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) sobre los proveedores nacionales. Diversos analistas señalan que este marco normativo permite importar infraestructura y equipamiento con beneficios fiscales y aduaneros, sin establecer porcentajes mínimos de integración de proveedores locales. Para estos sectores, la dinámica puede convertir a los grandes desarrollos mineros en enclaves aislados del tejido productivo de las provincias donde se instalan.

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