Un mundial hecho a medida de los Estados Unidos

Cambios de reglas del nuevo soccer, entradas imposibles de pagar, deportaciones arbitrarias y mucho más.

El fútbol es, en esencia, expresión cultural de una nación. En otras palabras, se juega como se vive. Y el argentino no vive su día a día como viven los brasileros, o los rusos, o los franceses, definitivamente no como los estadounidenses (por eso nuestro mayor ídolo es Maradona, que salió de Villa Fiorito y cuyos goles más recordados fueron con la mano y eludiendo maravillosamente a seis ingleses). Y el Mundial es esa feria de colectividades donde, por medio del fútbol, los pueblos se encuentran. Pero, más allá de la visión romántica que podamos tener de este noble deporte, el Mundial -mejor dicho, su organización- es un instrumento de poder económico, político y cultural.

Estados Unidos supo esto un poco más tarde que el resto del mundo. Como sucintamente narra el medio 421, este país culturalmente tan alejado del soccer, como lo llaman ellos, fue incorporándose con el tiempo como un emergente en el mundo futbolero. El fichaje de Pelé al New York Cosmos en 1975, así como el de Messi al Inter de Miami en 2023, o la organización del mundial en 1994 y el actual 2026 son claros ejemplos de este proceso.

La historia de esta edición se remonta al año 2010, cuando la FIFA se disponía a elegir a los próximos anfitriones de la mayor competencia deportiva del mundo. La elección de Catar como sede del Mundial 2022 fue inaudita: en el país con menos tradición deportiva, menor extensión territorial y población en organizar el torneo. Las conjeturas apuntaron a una compleja operación geopolítica entre el Emirato y Francia, consistente en la compra del Paris Saint-Germain por los cataríes, la sesión de los derechos televisivos de la Ligue 1 a la cadena BeIN Sports e, incluso, la venta de 24 aeronaves militares Rafaele, todo a cambio del apoyo de los representantes de la UEFA, presidida entonces por el francés Michel Platini.

Estados Unidos respondió en 2015, cuando una investigación del FBI develó una red de sobornos, fraudes y lavado de dinero que involucraba a los más altos funcionarios de la FIFA. El entonces presidente de EE.UU., Barack Obama, declaró: «Estados Unidos quiere asegurar que el fútbol mundial opere con integridad». Tres años más tarde, en 2018, Estados Unidos junto a México y Canadá serían confirmados anfitriones del Mundial de Fútbol 2026.

Hydration break

La edición 2026 inauguró una serie de cambios en las reglas del fútbol que transforman por completo el juego. Hay modificaciones que eran necesarias: el arquero no puede retener la pelota más de cinco segundos, lo mismo ocurre con los laterales. También está contado el tiempo que duren los cambios y la asistencia médica ahora debe realizarse fuera de la cancha, mientras el partido continúa. Pero hay, además, cambios drásticos, que hacen del fútbol un deporte nuevo para un público distinto, más acostumbrado a los quarters y a los halftime shows. Quizás esto sea lo que llaman soccer.

Estas modificaciones se suman a la regla de cinco cambios implementada años atrás y prometen un ritmo de juego más vertiginoso pero también más interrumpido. Serán partidos con mucho recambio de jugadores y pausas para hidratarse y asegurar que el espectáculo dure los 90 minutos. Quedarán en el pasado las emocionantes guerras espartanas por remontar un 2-1 con atletas exhaustos al límite de la lesión.

Es el nuevo fútbol del siglo XXI, más parecido a la NBA o al Superbowl de los Estados Unidos, más fácil de recortar en videos de Instagram y Tiktok, más mercantilizado que nunca. Las nuevas reglas se combinan con la ampliación a 48 participantes, que resulta en un total de 104 partidos (hasta esta edición, participaban 32 equipos que disputaban 64 encuentros). Esto se traduce no solo en mayor cantidad de entradas, sino también un incremento en hotelería y consumo. Además, aumenta el dinero que se mueve por derechos de televisación. El Mundial, ahora en manos de Estados Unidos, se abre paso en mercados antes vedados y apunta a llegar al mayor de ellos: China.

Halftime Show

Es el mundial más caro de todos. Según hinchas presentes allí, «en Catar una entrada salía $60 dólares. Veíamos Senegal-Holanda, nos metíamos con los senegaleses con la camiseta argentina y cantábamos juntos, a la salida almorzábamos y a la noche veíamos España-Alemania por un poco más. Hoy, un partido de fase de grupos, Argentina-Jordania, sale $900 dólares».

Son precios exorbitantes incluso para un Mundial de Fútbol. El sábado pasado, los Knicks ganaron las finales de la NBA luego de 53 años de no salir campeones. La entrada más barata era de $5.000 dólares, la más cara alcanzaba los $300.000 dólares. El Madison Square Garden estuvo lleno en cada partido. Son precios que los estadounidenses están acostumbrados a pagar. Los que pueden hacerlo.

A pesar de ello, Argentina juega de local. Miami, Kansas, Dallas, están repletas de argentinos. Muchos de ellos viajan sin entrada, con la esperanza de conseguir una en la previa del partido. «La gente que va a los mundiales no es multimillonaria, son hinchas de la selección muy organizados» dice un hincha allí presente. A pesar de la dificultad económica, los compatriotas se arreglan: «En Miami alquilamos una casa para cinco y somos ocho viviendo. No conozco a nadie pero cae gente sin reserva y los metemos adentro».

Precios prohibitivos

Es un Mundial al que es difícil acceder. La periodista sanjuanina Melisa Trad, que cubrió los torneos de Catar 2022 y Rusia 2018, explicó a La Mecha que, anteriormente, la FIFA intentaba abrir el acceso a los partidos estableciendo categorías de entradas para los hinchas según su poder adquisitivo. Pero, desde esta edición, los precios de las entradas fluctúan según la demanda, algo que perjudica especialmente a los hinchas argentinos. «Ahora, son precios prohibitivos» calificó Trad.

El régimen de precios móviles se aplica de igual manera en un novedoso sistema de reventa de entradas, ahora legal y patrocinado por la misma FIFA, que se lleva una generosa comisión por cada transacción.

Según la propia organización, el Mundial de Fútbol aportaría más de $30.000 millones de dólares a la economía estadounidense. El país es el principal anfitrión del torneo, ya que alberga 11 de las 16 ciudades sedes, lo que le permite captar el mayor flujo de turistas.

Melisa Trad contó también que, en mundiales anteriores, los anfitriones pensaban en la economía del hincha más allá del partido. «En Rusia, si comprabas una entrada tenías un pasaje de tren gratis que te llevaba al estadio» explicó. «En EE.UU. el costo de vida es caro y, además, elevaron los precios. Si ya era un privilegio viajar a un mundial, ahora es un espectáculo para las élites».

En sus redes sociales, Trad contó que fue a los últimos dos mundiales como mochilera, incluso hospedándose en casas de rusos que le abrieron las puertas. Según la periodista, «Estados Unidos no es una cultura igual de hospitalaria».

Chill, Relax

Es que el anfitrión del actual Mundial ha intensificado en los últimos años el accionar del cuerpo policial de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su nombre en inglés). El ICE es conocido por investigar, perseguir, arrestar y deportar a inmigrantes en Estados Unidos incurriendo en severas violaciones de derechos humanos. Se prevé que el ICE esté presente en estadios y en los fan fest, existiendo el peligro, sobre todo para los hinchas latinoamericanos, de tener problemas con esta agencia policial.

Además, las selecciones de Irak, Sudáfrica e Irán han enfrentado serios problemas para poder ingresar a Estados Unidos para jugar el mundial. Los sudafricanos tuvieron demoras en la entrega de visas, los iraquíes fueron interrogados durante diez horas en el aeropuerto de Chicago antes de permitirles la entrada, lo mismo pasó con los iraníes que, además, debieron radicarse en México debido a que el gobierno de los Estados Unidos les prohibió pasar la noche en el país.

Durante su primer partido, la hinchada persa mostró una bandera dedicada a las 168 niñas asesinadas en la escuela primaria Shajare Tayebé, en la ciudad de Minab, tras un ataque aéreo de Estados Unidos.

Al inicio del Mundial, el periodista de la BBC, Dan Roan, preguntó en una conferencia de prensa al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, si no creía que había perdido el control del mundial en manos de Estados Unidos. «Chill, relax, estamos tratando de resolverlo todo» respondió Infantino.

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