Por qué el viaje de Bruno Olivera a la final del Mundial puede salirle más caro en política que en dólares

El problema no parece ser el viaje en sí, sino el momento en que ocurrió, la imagen que dejó y las tensiones que habría provocado dentro del oficialismo libertario.

Bruno Olivera viajó a Estados Unidos para presenciar la final del Mundial. Hasta donde se sabe, lo hizo con dinero propio y no existen indicios de que haya utilizado recursos públicos. A simple vista, podría parecer apenas una decisión personal. Sin embargo, en política las imágenes obedecen a otra lógica, sobre todo cuando entran en tensión con el discurso que un gobierno intenta sostener. Eso explica por qué un viaje que, en otro contexto, probablemente habría pasado inadvertido terminó generando ruido dentro de La Libertad Avanza. Sobre todo este año, donde el caso Adorni fue un ancla para la imagen y la narrativa del mileísmo.

Todo comenzó con una publicación de La Política Online. El medio porteño difundió un video del presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, varado en un aeropuerto de Estados Unidos después de que un fuerte temporal obligara a cancelar vuelos. La noticia ponía el foco sobre el senador puntano y reactivaba una discusión que ya circulaba en Buenos Aires. Javier y Karina Milei les habían pedido a los dirigentes libertarios que evitaran viajar al Mundial o, al menos y más importante aún, que no quedaran expuestos haciéndolo.

Había razones políticas detrás de esa decisión. Después de varias controversias protagonizadas por funcionarios nacionales, el oficialismo intenta reconstruir una imagen de austeridad. La narrativa sigue siendo la misma que impulsó Javier Milei desde la campaña, la de una dirigencia distinta, alejada de los privilegios que durante años denunció como parte de la «casta».

El domingo, mientras gran parte del país se preparaba para ver la final, en La Mecha advertimos un detalle que había pasado inadvertido. Durante apenas unos segundos, sentado junto a Abdala, aparecía otro senador libertario. Era Bruno Olivera.

Captura de pantalla del video publicado por La Política Online donde aparece Bruno Olivera

La imagen obligaba a confirmar si realmente se trataba de él. Olivera recibió las consultas periodísticas, aunque eligió no responder. Luego comenzaron las verificaciones con distintas fuentes hasta que una de ellas confirmó el dato. El senador sanjuanino también había viajado a Estados Unidos para asistir al partido.

La primicia se publicó pocas horas antes del comienzo de la final. Al día siguiente llegaron las repercusiones, aunque el resto de los medios sanjuaninos decidió omitir el dato de que quien primero confirmó que se trataba de Olivera había sido La Mecha.

Lo más llamativo no fue la reacción de la oposición ni el debate en las redes sociales. El malestar apareció dentro del propio oficialismo. Dirigentes de La Libertad Avanza en San Juan aseguraron haberse enterado del viaje a través de la publicación de La Mecha. Si esa versión refleja lo ocurrido, el episodio ya adquiere otra dimensión porque la discusión ya no gira únicamente alrededor del viaje sino que se concentra en el funcionamiento interno del espacio.

Acá viene uno de los puntos más importantes. Una cosa es desobedecer una directiva nacional. Otra, todavía más delicada, es hacerlo sin que el presidente del partido en la provincia lo sepa. Si José Peluc efectivamente desconocía el viaje, como sostienen distintas fuentes, Olivera habría cometido una doble falta política. Desoyó una instrucción de la conducción nacional y, además, dejó expuesto al dirigente que encabeza La Libertad Avanza en San Juan.

¿Por qué? Bueno, el costo más importante, al menos por ahora, parece concentrarse puertas adentro. Hacia afuera, Bruno Olivera todavía es un dirigente con escaso nivel de conocimiento público. El impacto político, en cambio, recae sobre quienes conducen el partido en la provincia. Si el presidente de La Libertad Avanza en San Juan desconocía que su senador estaba en Estados Unidos mientras el espacio inauguraba un nuevo local partidario, la imagen que queda es la de una conducción que perdió el control sobre una situación políticamente sensible.

Hay una imagen que resume mejor que cualquier discurso la contradicción que dejó este episodio. Mientras Bruno Olivera estaba en Estados Unidos para presenciar la final del Mundial, José Peluc encabezaba en Santa Lucía la inauguración de un nuevo local de La Libertad Avanza. En una de las fotografías de esa jornada aparece sosteniendo una motosierra, el símbolo con el que Javier Milei construyó buena parte de su identidad política y de su promesa de austeridad.

Foto de la inauguración del local de La Libertad Avanza en Santa Lucía. Foto: Instagram @lalibertadavanzasanjuanok

Las dos escenas ocurrieron el mismo fin de semana. Una mostraba el relato que el oficialismo busca proyectar. La otra aparecía durante apenas unos segundos en un video grabado a miles de kilómetros. Quizás dentro de unos meses nadie recuerde el viaje de Bruno Olivera. Pero en cualquier fuerza política, la confianza interna es un capital difícil de construir y muy fácil de perder. Las diferencias existen siempre, igual que los movimientos individuales. Pero si un dirigente toma una decisión que contradice una línea política previamente fijada, es un estruendo que suele sentirse primero puertas adentro.

Hay otro elemento que ayuda a entender el episodio. Bruno Olivera no es un senador con una estructura política propia ni un dirigente que haya construido poder territorial durante años. Su carrera dentro de La Libertad Avanza está estrechamente vinculada al armado de José Peluc en San Juan y, a nivel nacional, al esquema político que conduce Karina Milei. Por eso, cualquier episodio que genere incomodidad escala rápidamente hasta Buenos Aires.

José Peluc y Bruno Olivera festejando las elecciones en 2023. Foto: La Mecha

Quizás el viaje no tenga consecuencias visibles. Internamente, quizás sea un tirón de orejas y listo. Incluso es posible que buena parte del electorado libertario considere que un senador tiene pleno derecho a gastar su dinero como quiera. Es un argumento atendible y muchos, probablemente, lo compartan. Pero la discusión pasa por otro lado. La Libertad Avanza llegó al poder con la promesa de terminar con los privilegios de la política. Ese compromiso sigue siendo uno de los principales activos del Gobierno. Cada dirigente libertario carga, quiera o no, con la responsabilidad de sostener esa identidad. Cuando aparece una imagen que parece alejarse de ese relato, como lo fue el caso Adorni, el costo suele medirse antes en términos políticos que económicos.

Vale hacerse, entonces, una pregunta. ¿Habría generado el mismo impacto este viaje si Javier y Karina Milei no hubieran pedido expresamente que sus dirigentes evitaran asistir al Mundial? Probablemente no. El episodio habría quedado reducido a una decisión privada. Lo que cambió el escenario fue el contexto y la contradicción que quedó expuesta.

Karina Milei junto a Bruno Olivera. Foto: Instagram @bruno.olivera.ok

La historia política argentina ofrece numerosos antecedentes. Ningún gobierno disfruta viendo a sus funcionarios asociados con escenas de ostentación mientras buena parte de la sociedad enfrenta dificultades económicas, con niveles históricos de morosidad en las familias. Les ocurrió a administraciones peronistas -¿recuerdan el yate de Insaurralde?- y ahora le toca enfrentar esa misma tensión a La Libertad Avanza. Con una diferencia importante. El mileísmo construyó buena parte de su legitimidad señalando precisamente esas conductas. Esa misma vara, inevitablemente, también termina aplicándose a sus propios dirigentes.

Las noticias pasan rápido y la agenda política cambia todos los días. Otra pregunta que se abre a esta altura es, si un caso como este molesta también puertas adentro al orreguismo, siendo que todo parece encaminarse hacia un acuerdo electoral entre libertarios y el oficialismo provincial de cara al 2027.

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