¿Podrá Marcelo Orrego revertir el descontento docente?
La suspensión del paro, la bronca salarial y el recuerdo de los autoconvocados vuelven a tensar la relación entre la docencia y el gobierno provincial.
Obligar a suspender un paro apelando a la nueva reforma laboral cayó como una verdadera mojada de oreja para la docencia sanjuanina. Lo que en el Gobierno celebraron como una maniobra “inteligentísima” tuvo, sin embargo, un efecto colateral que aparentemente no estaba en los cálculos oficiales.
Para completar el cuadro, el gobernador Marcelo Orrego ni siquiera se encuentra en el país. Mientras el conflicto escala, los principales portales de noticias destacan su agenda en Estados Unidos en busca de inversiones para la provincia, con fotos junto a Javier y Karina Milei.

El paro docente previsto para el miércoles 11 y el jueves 12 de marzo finalmente se levantó. Los principales gremios de la provincia —UDAP, UDA y AMET— decidieron dar marcha atrás luego de recibir una notificación oficial que, en los hechos, cambió de manera drástica las reglas del juego.
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La Subsecretaría de Trabajo movió una pieza clave en el tablero legal. Invocó la reforma laboral nacional —impulsada por el presidente Javier Milei— para exigir que durante cualquier medida de fuerza se garantice un 75% de presentismo en las escuelas.
Se trata del primer antecedente en el que se aplica esta parte de la normativa para frenar una huelga docente, un hecho que marca un punto de inflexión en la relación entre el Estado y los sindicatos.
La bronca, entonces, se transformó en una movilización de antorchas y en reclamos multitudinarios en la Plaza 25 de Mayo, en pleno corazón de la Capital.
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El enojo de los dirigentes también apunta a un posible abuso de poder del subsecretario de Trabajo, Franco Marchese, a quien acusan de actuar como “juez y parte” en el conflicto.
La marcha de antorchas fue contundente. Masiva.

Pero hubo otro elemento que echó más combustible al fuego que fue la revelación de los gastos del gobierno de Marcelo Orrego en La Boutique del Jamón para actividades protocolares. En apenas dos años, la administración provincial desembolsó más de 2,6 mil millones de pesos. Una cifra que muchos calificaron de obscena.
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Patricia Quiroga, secretaria general de UDAP, lo planteó sin rodeos en diálogo con La Mecha:
“Si siempre dicen que hay austeridad y que no hay plata, entonces tiene que ser para todos. Nosotros lo vivimos en el sindicato: yo me pago mi teléfono. Cuando uno está mal no puede despilfarrar dinero y decirle a la docencia que no hay”.
En la marcha aparecieron carteles, consignas y canciones que reflejaban ese enojo. El “jamón”, literalmente, se convirtió en símbolo del malestar salarial.

El antecedente más cercano de un enojo masivo de la docencia sanjuanina se remonta a los últimos dos años del uñaquismo.
Aquel gobierno no leyó a tiempo el clima social y, por fuera de los gremios —especialmente de UDAP— surgió un movimiento histórico: los autoconvocados. Durante meses pusieron en jaque a la administración provincial con paros prolongados y una fuerte intransigencia en la pelea por un salario digno.
Fue, sin dudas, uno de los episodios que más desgastó la imagen de Sergio Uñac. El conflicto caldeó el ambiente político y abrió la puerta a una oposición que entonces estaba desarticulada y que terminó llegando al poder en Libertador y Paula casi sin proponérselo.
Pero lo que vendría después, en algunos aspectos, no sería demasiado distinto.
Hoy el malestar con el gobierno de Marcelo Orrego está bastante extendido. Revertir esta situación parece, al menos por ahora, una tarea muy difícil.

Los ingresos docentes se mantienen bajos y muchos tenían expectativas distintas sobre esta gestión. Hay que tener en cuenta, además, que el grueso del universo docente en San Juan está relativamente despolitizado: profesionales formados en carreras pedagógicas —y otros provenientes de distintas áreas— que ejercen la docencia pero no necesariamente militan en un espacio partidario.
Muchos estaban, simplemente, hartos de lo anterior. El conflicto con Uñac los había desgastado por todos lados y, en ese contexto, apostaron por Orrego.
El problema, según se escucha en las escuelas, es que esas expectativas hoy están lejos de cumplirse.

Las exigencias laborales crecen y la propuesta salarial presentada el jueves será considerada ampliamente insuficiente. El aumento del 5% ofrecido hasta marzo queda por debajo incluso del 5,8% (acumulado entre enero y febrero de 2026) de inflación que informa el propio Gobierno nacional, una cifra que muchos docentes consideran, además, subestimada.
Los llamados “puntitos” del nomenclador terminan siendo apenas unas chirolas. Ni de cerca alcanzan lo que muchos reclaman: recuperar lo perdido en los últimos dos años.
Desde la llegada de Milei a la presidencia y de Orrego a la gobernación, el poder adquisitivo docente se deterioró con fuerza. También desapareció la cláusula gatillo que habían conseguido durante la gestión de Uñac, y desde entonces el salario corre siempre detrás de la inflación.
En las bases docentes, de cara al conflicto, se percibe un estado de alerta permanente. Es un reflejo bastante característico de la docencia sanjuanina. El efecto contagio suele ser rápido.
Al mismo tiempo persiste un fuerte descreimiento hacia los gremios. La desconfianza no es nueva, pero volvió a aparecer con fuerza después de que se levantaran los paros.

Muchos docentes consideran que los sindicatos fueron demasiado tibios y que deberían haber sostenido la medida de fuerza. Otros, en cambio, respaldan la estrategia gremial. Son miradas distintas dentro de un mismo conflicto.
Lo cierto es que los dirigentes —como dicen en la jerga— no le han “sacado el culo a la jeringa” y siguen empujando negociaciones para mejorar el acuerdo paritario.
El conflicto docente tampoco es exclusivo de San Juan. Situaciones similares se observan en provincias como Jujuy o Catamarca. En parte, se trata de un efecto del escenario nacional: el costo de vida sigue subiendo y los salarios pierden terreno frente a la inflación. Ese deterioro se fue acumulando durante los últimos dos años. Y ahora, lentamente, empiezan a aparecer las grietas.
Para Patricia Quiroga, la relación entre los docentes y el gobierno provincial todavía podría recomponerse. “La docencia no quiere estar en la calle. Quiere ganar bien, llegar a fin de mes y poder pagar nuestras deudas”, señaló.
En la séptima sesión de negociación salarial realizada el jueves 12 de marzo de 2026 entre el Gobierno de San Juan y los principales gremios docentes, las autoridades presentaron dos alternativas de recomposición salarial. Ambas incluyen aumentos porcentuales escalonados, modificaciones en códigos del nomenclador y una cláusula de revisión prevista para junio.
La primera opción contempla un bono extraordinario de $120.000 para marzo —a pagarse el 15 de abril— mientras que la segunda prescinde de ese bono y propone una distribución distinta de puntos en el código E60.

En la primera alternativa se plantea un incremento de seis puntos en marzo y cuatro en mayo. La segunda distribuye el aumento en cinco puntos en marzo y cinco en abril.
Las dos propuestas coinciden en otros aspectos: aumentos del valor índice (5% en marzo, 2% en mayo y 3% en junio), incrementos del código A01 y la aplicación de la cláusula de revisión en junio.
Los gremios resolvieron consultar las propuestas con sus bases antes de tomar una decisión definitiva. El diálogo se retomará en los próximos días.
Desde el gobierno provincial sostienen que están haciendo “el máximo esfuerzo”. La explicación oficial apunta a la caída de los ingresos por coparticipación. Quedará para otro análisis una pregunta incómoda: por qué los diputados que responden a Orrego acompañan en el Congreso los recortes impulsados por Javier Milei.
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Y así volvemos a la pregunta inicial.
¿Podrá Marcelo Orrego revertir el descontento docente? ¿Tendrá la cintura política necesaria para no repetir los errores de su antecesor? ¿Optará por endurecer su postura o terminará cediendo ante un sector que ya demostró capacidad de presión?
Por ahora, la respuesta sigue abierta.
