La Revolución que no llegó el 25 de Mayo: crónica de los 43 días que San Juan siguió viviendo bajo otro poder
Hubo un funcionario que escondió documentos, menos de 80 personas decidiendo por miles y una comunidad que siguió con su rutina mientras el algo cambiaba. Esta es la historia de esa espera.

El 25 de mayo de 1810, mientras el Cabildo de Buenos Aires hervía entre discusiones, incertidumbre y revolución, en San Juan —a más de mil kilómetros de distancia— transcurría un viernes soleado y rutinario. No hubo agitación ni señales de un cambio inminente. La escena desafía una idea instalada por años de manual escolar que es la de creer que los grandes acontecimientos transforman de inmediato cada rincón del territorio. La historia, casi nunca, funciona así.
En esta ciudad de poco más de 12 mil habitantes, el día que luego sería elevado a mito nacional transcurrió sin sobresaltos. No ocurrió nada extraordinario. Precisamente ahí aparece una pregunta más interesante que la efeméride misma. ¿Cómo llegó la Revolución de Mayo a San Juan? ¿Quiénes empujaron ese cambio? ¿Y cómo reaccionó una sociedad que durante semanas vivió atrapada entre rumores, demoras y lealtades enfrentadas?

Las respuestas surgen de actas capitulares, investigaciones académicas y documentos de época que permiten reconstruir una historia menos épica y bastante más humana.
De Buenos Aires a Mendoza
Los cambios históricos rara vez son inmediatos. Suelen avanzar entre dudas, demoras logísticas y decisiones tomadas bajo presión. La pregunta, entonces, es otra: ¿cómo se enteró una ciudad del interior de que el orden político conocido hasta ese momento acababa de romperse? En 1810, la circulación de información dependía de viajes a caballo, correspondencia oficial y rutas atravesadas por conflictos. Tras la conformación de la Primera Junta el 25 de mayo, Buenos Aires necesitaba urgente que el resto del Virreinato reconociera la nueva autoridad.
Apenas dos días después, el 27 de mayo, Buenos Aires envió al comandante Manuel Corvalán con documentos oficiales destinados a Cuyo, región que incluía Mendoza, San Luis y San Juan. La misión era exigir el reconocimiento de la Junta y solicitar el envío de diputados hacia la capital. Sobre el papel parecía una tarea administrativa. En la práctica, implicaba atravesar enormes distancias y una red política cargada de tensiones.

Los registros muestran algo llamativo. El principal obstáculo para Corvalán no fue el invierno ni el trayecto. Fue la política. Recién llegó a Mendoza el 13 de junio y allí encontró una barrera mucho más difícil de atravesar que cualquier camino, una disputa de poder que mantenía paralizadas a las autoridades locales. Mendoza atravesaba una fuerte resistencia encabezada por los llamados “godos”, nombre con el que los partidarios de la revolución identificaban, de forma despectiva, a españoles peninsulares y criollos alineados con el orden colonial. Entender quiénes eran resulta clave para comprender el clima político de la época.
Los “godos” defendían el monopolio español y la legitimidad de la Corona. En Mendoza todavía conservaban capacidad de presión suficiente como para bloquear avances hacia la adhesión revolucionaria. La tensión política fue tan alta que Corvalán quedó, en los hechos, inmovilizado. Sin posibilidad de continuar personalmente hacia San Juan, Corvalán recurrió a un chasqui, un mensajero a caballo encargado de trasladar las actas oficiales.
La incertidumbre en San Juan de qué hacer con la noticia
El envío llegó recién el 17 de junio. Habían pasado 23 días desde la conformación de la Primera Junta en Buenos Aires. Eran 23 días viviendo bajo un sistema político que, técnicamente, ya había cambiado. Sin embargo, cuando las noticias finalmente llegaron a San Juan, el comandante de armas José Javier Jofré no convocó a la población ni difundió la información. Hizo lo contrario: optó por guardarla.
La decisión respondía a la estructura administrativa del momento. San Juan dependía de la Intendencia de Córdoba. Si desde allí llegaban órdenes opuestas a las de Buenos Aires, Jofré quedaba atrapado entre dos autoridades que reclamaban obediencia.
De hecho, la situación se volvió aún más compleja porque Jofré recibió casi al mismo tiempo una comunicación urgente del gobernador intendente de Córdoba del Tucumán, Juan Gutiérrez de la Concha. El mensaje era desconocer la autoridad porteña y mantener fidelidad al Consejo de Regencia español, órgano creado para gobernar en nombre del rey Fernando VII durante la ocupación napoleónica.

Reconocer al Consejo implicaba sostener el orden colonial. Aceptar a la Junta significaba abrir una ruptura política incierta. Entre ambas presiones quedaron las autoridades sanjuaninas, obligadas a decidir sin saber cuál de los dos poderes prevalecería.
Ante la incertidumbre, los encuentros comenzaron a trasladarse a residencias privadas. También se enviaron emisarios a Mendoza para conocer qué postura asumirían otras ciudades antes de avanzar. La cautela era una forma de supervivencia política. Vista desde hoy, la situación podría parecer una indecisión burocrática. En 1810, sin embargo, elegir el bando equivocado podía costar prestigio, patrimonio o incluso la vida. Ese temor explica buena parte de las vacilaciones iniciales.
Había además un factor cultural y geográfico que condicionaba cada decisión. San Juan conservaba vínculos más profundos con el mundo hispánico que Buenos Aires. Durante siglos había pertenecido a la órbita de la Capitanía General de Chile. Sus relaciones comerciales, familiares y políticas miraban hacia el oeste, cruzando la cordillera, mucho más que hacia el puerto porteño. Romper con el orden colonial suponía alterar estructuras económicas, vínculos sociales y el peso político de instituciones como la Iglesia. El temor a enfrentamientos internos o derramamiento de sangre era real.
Las familias tradicionales entendían que una guerra podía arrastrar consigo buena parte de la economía regional, sostenida por la producción agrícola y vitivinícola. El miedo tenía consecuencias materiales. Aun así, ocultar durante demasiado tiempo que Buenos Aires había desplazado al virrey resultaba imposible en una ciudad pequeña. La noticia comenzó a circular y, con ella, aparecieron divisiones cada vez más visibles dentro de la sociedad sanjuanina.
Disputa entre las familias de poder y la reacción popular
De un lado quedaron familias vinculadas al viejo orden colonial, entre ellas apellidos tradicionales como Jofré, Castro o Gómez. Del otro comenzaron a posicionarse sectores que veían en la revolución una oportunidad política distinta, con nombres como Oro, Sarmiento y De la Roza. La disputa empezaba a atravesar vínculos familiares y espacios de poder locales.
La ausencia de imprentas o periódicos locales no frenó el debate político. Lo desplazó hacia otras formas de expresión, más directas y, en algunos casos, más agresivas. Entre ellas aparecieron intervenciones callejeras realizadas con cueros de carnero exhibidos en espacios públicos. El gesto tenía una fuerte carga simbólica. Durante la madrugada, algunos vecinos colgaban cueros frescos con frases escritas que ridiculizaban la posibilidad de restaurar el viejo poder colonial. Uno de los mensajes registrados por documentos de época decía: “Gobernarás, Cisneros, cuando salga lana a este cuero”.

La frase condensaba ironía y desafío político. También revelaba que para gran parte de la población, excluida de los espacios formales de decisión, la calle se convertía en uno de los pocos lugares posibles para expresar posición política. La exclusión política era parte del funcionamiento habitual del sistema colonial. Las decisiones recaían sobre quienes la legislación denominaba la “parte sana y principal del vecindario”. El concepto no hacía referencia a la salud física, sino al origen familiar, la posición económica y el prestigio social.
Como documentó el historiador Horacio Videla, ser considerado “sano” implicaba demostrar limpieza de sangre y ausencia de ascendencia indígena o africana. Ser “principal”, además, exigía propiedades, recursos económicos y reconocimiento social. El acceso a la participación política estaba reservado para muy pocos. Quedaban afuera artesanos, trabajadores, pequeños comerciantes, mujeres, poblaciones indígenas y personas africanas esclavizadas. Un grupo reducido decidía sobre el destino político de miles.
La presión acumulada terminó modificando el escenario. La circulación de mensajes opositores, el clima social y las noticias llegadas desde Mendoza comenzaron a erosionar la resistencia del comandante José Javier Jofré.
Finalmente Jofré dejó el cargo y el Cabildo convocó a una reunión abierta el 7 de julio, 43 días después de la Revolución de Mayo. Allí San Juan desconoció la autoridad de Córdoba y reconoció a la Primera Junta. Dos días después comenzó el proceso para elegir al diputado que viajaría a Buenos Aires.

Los números ayudan a dimensionar el funcionamiento político de la época. En una ciudad cercana a los 12 mil habitantes, José Ignacio Fernández Maradona ganó la elección con apenas 33 o 34 votos (depende la fuente), mientras que José Ignacio de la Rosa reunió alrededor de 24 apoyos. También recibieron un voto cada uno los señores Juan Manuel de Castro y Carreño, Pedro del Castillo, José Godoy y el fraile dominicano Manuel Flores. El total de votos registrado fue de 77 personas, quienes terminaron definiendo quién representaría políticamente a toda una provincia. Esta escena expone, claramente, los límites de la representatividad dentro del sistema colonial.
Sin embargo, el dato más revelador aparece al observar al candidato derrotado.
El vínculo de Ignacio de la Roza con Mariano Moreno
José Ignacio de la Roza tenía apenas 21 años. Perdió la elección en San Juan, aunque los registros muestran que ya se encontraba en Buenos Aires, cerca del núcleo político de la revolución. Algunas fuentes sostienen incluso que colaboraba con Mariano Moreno, uno de los hombres más influyentes de la Primera Junta. Esa relación habría surgido por una necesidad concreta de información económica. Mariano Moreno trabajaba entonces en argumentos vinculados al comercio y a la apertura económica del virreinato, un debate central para el proyecto político revolucionario. Para sostener esas posiciones, Moreno necesitaba demostrar que las economías del interior no solo sobrevivirían a un cambio comercial, sino que también podrían integrarse mediante exportaciones propias.

Allí aparece el aporte atribuido a De la Roza. Habría suministrado información sobre la capacidad productiva de Cuyo, con datos vinculados a vinos, aguardientes, minerales y otros bienes regionales. Más allá de la precisión documental, el episodio deja en claro la idea de que San Juan participaba de la revolución mucho antes de enviar representantes formales.
Con el paso de los años, ambos protagonistas ocuparían lugares relevantes. Fernández Maradona integraría la Junta Grande y De la Roza terminaría desempeñando funciones clave en San Juan, además de colaborar con la organización política vinculada al proyecto sanmartiniano. Aun así, todas esas discusiones sobre comercio, poder y representación ocurrían dentro de círculos reducidos. La política seguía siendo asunto de unos pocos.
El subsuelo de la revolución en San Juan
Surge entonces una pregunta inevitable. Si gran parte de la población estaba excluida del Cabildo y los espacios formales, ¿de qué manera circulaban las ideas revolucionarias dentro de la sociedad sanjuanina? Las fuentes apuntan hacia otro circuito de influencia, mucho menos visible en los documentos oficiales: las redes sociales informales sostenidas por mujeres.
Excluidas de los cargos públicos y de la educación formal, muchas mujeres transformaron tertulias y espacios domésticos en ámbitos donde circulaban noticias, opiniones y posicionamientos políticos. Esos encuentros funcionaron, en distintos casos, como lugares de transmisión y discusión de ideas revolucionarias.
Precisamente porque el orden colonial rara vez las consideraba actores políticos, esos espacios podían escapar al control ejercido sobre reuniones masculinas. Allí se comentaban panfletos, se compartían noticias y se traducían debates lejanos a conversaciones cotidianas. En una época sin periódicos locales ni circulación masiva de información, esas redes adquirían relevancia.

Para mediados de julio de 1810, el mismo Cabildo que semanas antes había ocultado las actas revolucionarias ya organizaba celebraciones públicas en la Plaza Mayor. Hubo formaciones militares, actos oficiales y señales visibles de adhesión al nuevo orden político. Con el paso del tiempo, las fiestas mayas se transformaron en celebraciones populares que reunían música, juegos y reuniones comunitarias. La resistencia inicial comenzaba a convertirse en consenso.
Sin embargo, el nuevo escenario político no significó una transformación inmediata para todos. Para poblaciones indígenas sometidas a sistemas de trabajo forzado y para personas africanas esclavizadas, la conformación de la Primera Junta no implicó el acceso automático a derechos ni el fin de estructuras de exclusión que continuarían durante años.

La promesa de libertad para algunos sectores marginados aparecería más adelante y, muchas veces, vinculada al servicio militar durante las campañas independentistas. Incluso entonces, la ampliación de derechos llegó de forma lenta y desigual.
¿Qué deja esta historia cuando se la observa más allá del relato escolar? Que la Revolución de Mayo en San Juan no fue una escena instantánea ni una adhesión automática sino un proceso lento, atravesado por demoras, temores, intereses económicos y disputas de poder.
Hubo 23 días de espera hasta que llegaron las noticias desde Buenos Aires. Hubo autoridades que dudaron, familias divididas y una estructura política donde apenas unas decenas de hombres podían decidir. La revolución, al menos en San Juan, avanzó entre incertidumbres mucho más que entre certezas. Revisar actas capitulares y documentos provinciales permite entender algo más amplio que un episodio histórico. Los cambios políticos rara vez ocurren con la velocidad que luego sugieren los relatos oficiales. Suelen construirse entre dudas, discusiones privadas y decisiones tomadas sin garantías sobre el resultado.
Acostumbrados a la inmediatez, cuesta imaginar el desgaste de una sociedad cuyo destino dependía de noticias que tardaban semanas en llegar. En 1810, las decisiones sobre lealtad, guerra o ruptura viajaban a caballo entre provincias. Y mientras Buenos Aires ya discutía el nuevo orden, en San Juan todavía predominaban el silencio y la espera.
Fuentes consultadas:
- 25 de Mayo: cómo impactó la noticia en San Juan…: https://www.tiempodesanjuan.com/san-juan/25-mayo-como-impacto-la-noticia-san-juan-y-el-integrante-la-primera-junta-que-vivio-iglesia-n324672
- 25 de mayo de 1810: las sanjuaninas fueron parte de la Revolución – SI San Juan: https://sisanjuan.gob.ar/prensa/2024-05-25/57367-25-de-mayo-de-1810-las-sanjuaninas-fueron-parte-de-la-revolucion
- Cronología biográfica sanjuanina de la época de las clases cultas (1874-1914) | San Juan al Mundo: https://sanjuanalmundo.org/articulo.php?id=16867
- Cómo se vivió el 25 de Mayo de 1810 en San Juan: https://sisanjuan.gob.ar/gobierno/2023-05-25/49045-como-se-vivio-el-25-de-mayo-de-1810-en-san-juan
- Juanita, la revolucionaria con pollera: https://www.diariodecuyo.com.ar/noticias/juanita-la-revolucionaria-con-pollera-872299.html
- La Revolución de Mayo en San Juan – La Pericana: https://lapericana.com.ar/noticia-principal/la-revolucion-de-mayo-en-san-juan/
- La Revolución de Mayo en San Juan | Nuevo Diario San Juan: https://www.elnuevodiariosj.com.ar/noticia-principal/la-revolucion-de-mayo-en-san-juan/
- La revolucionaria de Mayo que nació en Jáchal | San Juan al Mundo: https://sanjuanalmundo.org/articulo.php?id=56108
- Los sanjuaninos de 1810 celebraron el 25 de Mayo como “una gloriosa revolución politica”: https://www.diariodecuyo.com.ar/columnasdeopinion/los-sanjuaninos-de-1810-celebraron-el-25-de-mayo-como-una-gloriosa-revolucion-politica-1733700.html
- Revolución de Mayo: en San Juan no pasó nada – Revista La U – UNSJ: http://revista.unsj.edu.ar/?p=5355
- San Juan en 1810 – Diario de Cuyo: https://www.diariodecuyo.com.ar/noticias/san-juan-en-1810-401502.html
- Historia de San Juan. Horacio Videla.
- Revolución de mayo. 1810 EN SAN JUAN HD. Película completa. https://www.youtube.com/watch?v=Hnd8Fr9qdew
