La historia detrás de Irma, una de las cinco mujeres trans mayores de 60 años en San Juan

No eligió su nombre casualmente: hay una cadena de hechos que la llevaron a elegir su nombre gracias a la Ley de Identidad de Género. Qué dejó atrás para ser quién es y el humilde sueño que anhela cumplir. Una campaña que encierra más que una simple construcción.

“Quisiera que esta casa tuviera baño, aunque me muera antes”, ríe Irma, quien a sus 62 años es una de las únicas cinco adultas mayores trans de San Juan. En el fondo de su casa hay una habitación que solía ser su baño. Tres paredes de ladrillo, una de adobe y un techo de caña. Adentro, vacío. Irma cuenta que hace unos años vendieron el terreno colindante para construir un edificio. Al comienzo de la obra cortaron un árbol que cayó sobre su medianera y la destruyó. Su patio quedó abierto. Meses después, alguien entró por allí mientras Irma no estaba y le robó los elementos del baño.

Asi nació la campaña “Active Irma” de La Asociación de Travestis, Transexuales y Transgénero (ATTTA) y Ni Unx Menos de organizar una colecta solidaria para construir un baño en la casa de Irma. La construcción se enmarca dentro de “Posible”, a cargo de la arquitecta Maira Amaya Gatica, un proyecto que piensa la arquitectura desde “las prácticas cotidianas, culturales y de lucha”. La colecta contempla una recaudación económica a través de donaciones, bingos y la venta de comida, como empanadas. 

Si queres colaborar podes hacerlo a través del alias active.irma

Irma vive en su casa desde que era una niña. En ese entonces su madre trabajaba de empleada doméstica y ella iba al colegio. Cuando su mamá enfermó, Irma y su hermano decidieron comenzar a laburar puliendo bronce y lustrando zapatos. Para ella no fue un gran problema, no le gustaba la escuela porque sufría bullying por ser “maricón”. Sin embargo, ese trabajo no se prolongó: le resultó más rentable ofrecer trabajos sexuales a hombres. 

“Cuando mi mamá se enteró de mi identidad, me echó de la casa. Pensó que volvería a los pocos días, pero no fue así, me fui”, señala Irma.

Desde ese momento comenzó a vivir en la calle, hasta que consiguió un trabajo como mucama, cama adentro, en la casa de unos abogados. 

Irma. Foto: Gonzalo Paez

En 1983 quedó seleccionada en la lista de reserva del Servicio Militar Obligatorio, unos meses antes de que Alfonsín fuese electo presidente de la nación. Un día, de camino a la Obra Social Provincia, decidió hacer una parada en el destacamento para retirar su documentación. La retuvieron durante unas horas y cuando llegó el Teniente Coronel le avisaron que ahora formaba parte de las fuerzas armadas. La subieron a un colectivo y la llevaron a Mendoza, nadie sabía que ella estaba ahí. Tuvo que suplicarle a un militar para usar un teléfono público y llamar a su trabajo. Sin embargo, la familia de Irma se enteró dos meses después, luego de que su madre coincidiera con la jefa de su hija. 

Al volver del servicio, Irma volvió a su casa materna y empezó a trabajar en un matadero. “En un inicio, llegaba arreglada, con las uñas pintadas y las pestañas largas, todos me miraban raro. Al tiempo dejé de arreglarme tanto, porque volvía llena de sangre”. Irma señaló que al principio sus compañeros pensaban que no duraría más de una semana en el lugar, pero estuvo allí por siete años. Luego volvió al trabajo doméstico.

Foto: Gonzalo Paez

No era fácil moverse por las calles siendo una mujer trans. Aun tras la vuelta de la democracia podían llevarlas presas si la Policía las encontraba caminando por la noche. En ese sentido, Irma tenía suerte: una de sus jefas era abogada, por lo que, de ser detenida, ella la ayudaba a salir. 

No todas contaban con ese respaldo legal. Además, según recuerda Irma, en aquellos años las redes de compañerismo en la comunidad LGBTQI+ de San Juan eran pocas, y existían muchas confrontaciones dentro del mismo colectivo.

Foto: Gonzalo Paez

Tras la muerte de su madre, Irma quedó sola en su casa. Cada día se levantaba a las cinco de la mañana, se daba un baño y se dirigía a trabajar de un edificio al otro. Con el dinero recaudado arregló algunas partes de su vivienda y logró dejarla en mejores condiciones. También empezó a alquilar una de sus habitaciones a huéspedes. “Al principio lo hacía por plata, pero después me encariñaba y no les cobraba. A mí me interesaba tener compañía, no mucho más”, confiesa. 

Según el INDEC, en San Juan en 2022 había 1.119 mujeres trans/travestis, de las cuales 309 son mayores de 45 años. Si bien no hay datos concretos, desde la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgénero (ATTTA) provincial aseguran que hay solamente cinco adultas trans que superen los 60 años. Esto refleja la baja esperanza de vida de este sector poblacional que, según el informe “La Revolución de las Mariposas”, estima un promedio de 35 años de edad. Con 62 años, hoy Irma duplica la edad que se espera para una mujer trans en Argentina. 

Foto: Gonzalo Paez

Tras la sanción de la Ley de Identidad de Género, en 2012, Mabel, una abogada para la cual trabajaba, le sugirió cambiarse su nombre. A Irma le pareció una buena idea. “Elegí el nombre de la mamá de Mabel. Yo trabajaba para ella, la quería mucho y me cuidaba como su hija”, explica. Como segundo nombre decidió Raquel, por su tía, quien según Irma, la defendía siempre en su familia. 

El día que fue al Registro Civil, Irma recuerda que, al salir, Mabel y algunos amigos la estaban esperando. En ese momento comenzaron a aplaudirle y a cantarle el feliz cumpleaños. Irma no entendía por qué. Al acercarse le respondieron: “es porque hoy volviste a nacer”. 

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Diez años atrás le diagnosticaron una enfermedad renal diabética. Hoy trabaja menos por su deterioro físico, y gran parte de sus ingresos provienen del trabajo que realiza diariamente. No tiene los suficientes aportes para jubilarse, ya que pocos jefes le aportaron en sus años de servicio. Aunque destaca que algunos de ellos colaboraron con sus tratamientos de salud.

Antes odiaba esta casa, ahora me gusta. Pero me cuesta mucho mantenerla, ya no tengo el cuerpo para eso”, dice Irma mientras mira por la puerta que da al patio. A lo lejos, los ladrillos apilados se mimetizan con su jardín. La acción solidaria de ATTTA y Ni Unx Menos empezó hace un mes y medio, y aun el dinero recaudado no es suficiente para la mano de obra. 

Por el momento el baño existe solamente en la mente de Irma. No obstante, ella aclara que “por más que el proyecto pueda estar lejos de volverse material, estoy totalmente agradecida con quienes están colaborando para ello”.

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