¿Es solo un partido de fútbol? Los tres antecedentes que hicieron del Argentina-Inglaterra una batalla histórica

La Selección enfrenta a Inglaterra en semifinales de la Copa del Mundo. Esta es la historia de una rivalidad que excede lo futbolístico.

El miércoles, Argentina enfrenta a Inglaterra para clasificar a otra final de una Copa del Mundo. El último cruce fue durante el Mundial de Corea-Japón, en 2002, cuando David Beckham marcó el gol definitorio del partido. Han pasado 24 años desde entonces.

Es una batalla que excede lo futbolístico. Es fácil pensar en la Guerra de Malvinas y la revancha de Maradona en México 86′, pero la enemistad con los ingleses es incluso fundacional de nuestra propia existencia como argentinos.

En 1806 y 1807, el Reino Unido quiso invadir Buenos Aires, en aquél tiempo capital del Virreinato del Río de La Plata. Fue entonces que, ante la inoperancia del virrey Sobremonte, criollos, indios y negros se organizaron para defender la ciudad de los ataques. Es el primer momento en que nos reconocemos como un mismo pueblo.

Pero volvamos al fútbol. Tres momentos icónicos de nuestra rivalidad con Inglaterra por medio de la pelota.

They are animals

En vísperas del partido contra Suiza se conoció que Antonio Ubaldo Rattin había fallecido. La Selección Argentina salió a la cancha con un brazalete negro en su conmemoración.

Jugaba de cinco, bravo, físico, rebelde. Defendió la camiseta de Boca durante 14 años ininterrumpidos y salió campeón nacional en seis ocasiones. Fue dos veces subcampeón con Argentina en Copa América (1959 y 1967) y participó de los mundiales Chile 62′ e Inglaterra 66′.

Para el mundial de 1966 ya era capitán de la Selección y debía enfrentarse al anfitrión en los cuartos de final. El partido se disputó un 23 de julio en el mítico estadio de Wembley. A la media hora de empezar, el árbitro alemán Rudolf Kreitlein decidió expulsar al jugador argentino por protestar. El problema fue que ninguno entendía el idioma del otro: Rattin reclamaba un intérprete para poder explicarle sus quejas pero el juez interpretó su actitud como desafiante.

El capitán argentino se negó a abandonar el campo de juego y el partido permaneció suspendido unos minutos. Finalmente salió escoltado, pero antes estrujó la bandera británica del córner y se sentó en la alfombra roja destinada a la Reina de Inglaterra.

«No había hecho ninguna infracción, yo le mostraba el brazalete de capitán al árbitro para que llame a los dirigentes. No me hizo caso y me dijo ‘afuera, afuera, afuera‘. Yo empecé a caminar lento, recuerdo que agarraba los chocolates aireados, que eran una novedad, acá no los conocíamos, y comía y se los tiraba a la tribuna. Cuando llegué al córner les retorcí la bandera inglesa y los insulté… ¡La puta que los parió! Y cuando fui expulsado, fui a la alfombra de la reina y me senté, una alfombra roja muy bonita» recordaba hace algún tiempo Rattin en la TV Pública.

Argentina terminó perdiendo 1-0. El entrenador inglés Alf Ramsey calificó a los jugadores argentinos como «animals«. Luego de este suceso, la FIFA reglamentó las sanciones incluyendo las tarjetas amarilla y roja.

Independiente, el Orgullo Nacional

En abril de 1982, Argentina recuperaba las Islas Malvinas luego de 149 años de dominio británico. Tras 74 días de combate contra el Reino Unido -apoyado por sus aliados de la OTAN, Estados Unidos y FranciaArgentina fue obligada a rendirse. 649 soldados dieron su vida en las Islas y muchos más lo harían después, al volver al continente.

El 27 de mayo de 1984, Independiente ganó su séptima Copa Libertadores frente a Gremio de Porto Alegre. El Rojo no solo se consolidó como el mayor ganador de la competición -título que conserva en la actualidad-, sino que también se clasificó a la Copa Intercontinental.

La Copa constaba de un único partido a jugarse en Tokio, Japón, entre el campeón sudamericano y el ganador de la Champions League de Europa, que en este caso fue Liverpool. Argentina e Inglaterra volvían a enfrentarse tras la Guerra de Malvinas.

La final fue el 9 de diciembre de 1984 en el Estadio Olímpico de Tokio. Los Diablos Rojos jugaban de visitante: las tribunas estaban repletas de ingleses que habían podido viajar a ver el partido y de japoneses que veían en el fútbol una novedosa atracción turística. Es que el fútbol comenzaba sus años de mayor globalización: a partir de 1980, la Copa Intercontinental fue patrocinada por Toyota y se mudó a Japón. 22 años después el país sería sede de una Copa del Mundo.

El partido se decidió por un contraataque argentino: Claudio Marangoni habilitó a un veloz José «Mandinga» Percudani que se abrió paso entre los defensores ingleses y levantó la pelota por encima del arquero para anotar el único gol de la tarde. Un golazo que se festejó en todo el país, salvo por los hinchas de la academia, claro.

Para que el país sea un puño gritando por Argentina

Dos años después, el Mundial. Esta vez más cerca, en México. Tras el triunfo a Uruguay, la Selección se preparaba para enfrentar a Inglaterra en cuartos de final. En paralelo, la ansiedad de la gente y los medios crecía, alimentada por la Guerra de Malvinas, que continuaba fresca en la memoria de los argentinos.

Los días previos al partido, Maradona dijo: «yo de política no hablo, yo juego al fútbol«. Fue desmentido tiempo después de salir campeones, tanto por sus compañeros como por él mismo. En su libro, «Yo soy el Diego», confesó: «aunque nosotros decíamos antes del partido que el fútbol no tenía nada que ver con la Guerra de Malvinas, sabíamos que habían muerto muchos argentinos… y esto era una revancha«.

Algo parecido debe estar ocurriendo con Scaloni y sus dirigidos. En conferencia, el director dijo: «Es un partido de fútbol, no busquemos más que eso». Un discurso que intenta quitarle peso a un partido de por sí difícil.

Según reconstrucciones periodísticas de varios medios, al mundial viajaron decenas de barras pertenecientes a distintos cuadros. Pactaron una tregua entre ellos con un objetivo común: ganarle a los hooligans en las calles.

Para ello consiguieron ayuda de escoceses hinchas del Celtic de Glasgow, que averiguaron dónde se movían sus pares del Reino Unido y qué grupo llevaría las banderas inglesas al estadio. En base a la información recabada, la barra planeó una emboscada el mismo día del partido, en pleno centro de Ciudad de México. Allí se quedaron con los estandartes, que luego exhibieron como trofeos en las canchas de Argentina.

Los combates se sucedieron tanto afuera como dentro del Estadio Azteca. Las cámaras captaron a Raúl Héctor «Pistola» Gamez -de la barra de Vélez, años después sería presidente del club- dando pelea a varios ingleses en simultáneo. ¿El motivo? un lugar preferencial para desplegar las banderas de cada bando.

El resto es historia ya conocida. Maradona metió dos goles: uno con la mano, el otro es recordado como el gol del siglo. Diego esquivó a seis jugadores ingleses, engañó al arquero y dejó la pelota en una esquina del arco bajo el sol del Azteca. El relato de Víctor Hugo Morales es inseparable del recuerdo del gol.

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