¿Cómo operan los bots para fabricar consenso en la política argentina y sanjuanina?

Un bot es una cuenta de red social que no es manejada por una persona real sino por un programa informático o una inteligencia artificial. Hace tiempo que los bots comenzaron a usarse como una forma de hacer política: pueden simular consensos o instalar temas que luego son replicados por periodistas, dirigentes o ciudadanos. Una nueva forma de hacer política online que altera la opinión pública. En San Juan, también han operado, y operan, para moldear el debate público.

El tema volvió a la agenda luego de que Fernando Cerimedo, encargado de la estrategia digital de La Libertad Avanza en 2023, fuera detenido en Bolivia por intento de femicidio. Al allanarlo, la Justicia boliviana encontró (además de dinero suficiente para procesarlo por enriquecimiento ilícito) equipos compatibles con una granja de bots. Una granja es cuando muchos perfiles falsos automatizados operan en conjunto.

El esquema funciona así: el contenido lo sube la cuenta real: el candidato, el medio propio (en el caso de los libertarios, el medio de fake news La Derecha Diario) o un influencer afín. Las 50 mil cuentas creadas artificialmente funcionan como público simulado alrededor de ese contenido. Le dan el primer empujón de likes y comentarios para que el algoritmo lo tome como algo relevante y lo muestre más.

Que los bots operen en San Juan ya está documentado. Una investigación de Connectas y Ruido detectó perfiles con actividad sospechosa que hablan a favor de 23 de los 24 gobernadores en redes sociales. En ese relevamiento, San Juan quedó en el puesto 9 entre los distritos con mayor índice de cuentas con comportamiento oficialista y con un nivel medio de sospecha en las cuentas analizadas. El informe señala que la actividad de esos perfiles está «fuertemente enfocada en el apoyo al gobernador y al partido oficialista provincial», y ubica a Marcelo Orrego como «el punto de interacción más relevante».

Si bien la defensa de Cerimedo negó que se trate de una granja de bots, durante 2023 el ahora acusado dio una entrevista a Infobae donde explicó el funcionamiento de sus perfiles falsos y detalló cómo los utiliza para operar digitalmente e influir en el debate público. «Es hora de que todo esto se sepa. Si no, es como que hay un submundo y no está bueno», aseguró al medio.

«Después de la pandemia, las redes sociales se volvieron locas, innovaron en el algoritmo. Ya no vale tanto un like o un retuit o un comentario, sino lo que vale es la calidad de la cuenta del que hace el tuit o posteo. Y tienen que ser usuarios lo más cercanos posibles a lo real», aseguró. Cerimedo

Cerimedo trabajando desde su oficina en Puerto Madero, en 2023. Foto: Luciano González para Infobae

Pero no solo los likes importan en las redes sociales. Hoy las plataformas privilegian que el video se encuentre fácil, se vea completo, se comparta y circule entre plataformas. Por eso las cuentas simulan comportamiento de usuario real completo: ven el video hasta el final, lo comparten, lo replican, entran desde distintas plataformas.

Gracias a la inteligencia artificial es que las cuentas, en el mejor y más profesional de los servicios, están bien construidas, con perfil, foto e historial. Algunas incluso tienen 30.000 seguidores, según explicó Cerimedo en la entrevista. Esto se debe a que si la plataforma detecta «actividad sospechosa», es decir actividad de perfiles falsos, no le da visibilidad a la cuenta e incluso puede llegar a eliminar el perfil. Esto puede ser usado como un método blando y contemporáneo de censura, como fue el caso de censura contra La Mecha en febrero de este año.

En el caso de censura denunciado por La Mecha, un ataque de 8 mil a 13 mil bots comenzaron a seguir repentinamente la cuenta en Instagram, obligándonos a cerrarlo temporalmente por temor al castigo de la plataforma (que puede ser eliminarla o bajar su visibilidad)

Las cuentas sanjuaninas que rastrearon Connectas y Ruido no cumplían con esa característica de profesionalismo. La mitad de las analizadas utiliza nombres de usuario con secuencias numéricas, presenta fotos genéricas o generadas por inteligencia artificial y exhibe biografías mínimas o directamente inexistentes. Es decir, las características típicas de un bot. Las palabras que más se repiten entre ellas son «San Juan» y «Marcelo Orrego». En tercer lugar, está «sisanjuanok». Se repiten entre las cuentas palabras con un tinte general positivo: barrio, argentino, obra, orgullo, gente, familia y siempre. Las investigadoras detectaron picos de hasta 120 posteos por hora. En uno de los casos, una cuenta registró actividad durante 23 horas en un mismo día.

Cerimedo asegura que los políticos pueden pedir comentarios positivos en sus publicaciones para dar una ilusión de apoyo que afecte la percepción de usuarios reales. Además, señaló este es el servicio que la mayoría de las empresas del rubro venden: bots para comentar.

Otro ejemplo de la tecnología modificando la comunicación política: Lucía Libertaria, influencer política hecha con IA. Difunde contenidos a favor de las medidas de Javier Milei. Foto: perfil de Lucia Libertaria en Instagram

Con la personalización del algoritmo, los contenidos pueden ser segmentados de manera específica para distintos perfiles. Este fue el caso del escándalo de Cambridge Analytica en el primer triunfo de Trump. La consultora británica obtuvo de manera indebida la información personal de 87 millones de usuarios de Facebook para analizar su comportamiento e influir en el proceso electoral. Cambridge Analytica alardeó de tener 5.000 datos específicos sobre cada votante estadounidense. Según afirmó, aplicando un análisis “psicográfico” a su conjunto de datos, podía determinar el tipo de personalidad de cada votante y luego dirigirle mensajes individuales específicamente diseñados con el fin de influir en su comportamiento.

La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC, por sus siglas en inglés) ordenó a la red social a pagar US$5.000 millones como sanción por las malas prácticas en el manejo de la seguridad de los datos de los usuarios. Foto: BBC

Este servicio, lógicamente, no es barato. La tarifa para hacerle campaña a un candidato presidencial en redes sociales oscila «entre USD 50.000 y USD 100.000». «Son mis honorarios como consultor. Y después están los gastos de publicidad y de producción de contenidos para los spots. La puesta en marcha de las cuentas que ya tengo en funcionamiento pueden ser unos USD 2.000 más», añadió.

Las cuentas en sí son mucho más baratas: según un estudio de la Universidad de Cambridge, el costo promedio de crear una cuenta falsa es de USD 0,10, que en 10.000 cuentas serían 1000 USD. Pero ese número no implica la acción coordinada de las mismas, lo que eleva el costo. La supervisión humana, la personalización de comentarios, la programación horaria y la rotación de IP, entre otras acciones, tienen un costo adicional de miles o decenas de miles de dólares, como explicó Cerimedo.

Y el mecanismo no es algo nuevo: durante la campaña presidencial de 2019 que arrojó como Presidente a Mauricio Macri se habló mucho de los bots. En ese entonces, Macri convocó a los votantes de Juntos por el Cambio a un «tuitazo». previo a las PASO. Pero la mala configuración de los mensajes dejó al descubierto el uso de bots en su campaña digital, lo que pasó a ser un meme.

Este tipo de cuentas automatizadas se configuran sobre una base de datos de frases armadas y se les incorpora el hashtag o consigna que el cliente quiere difundir. 

En 2022, Fernando Cerimedo brindó una entrevista a la Revista Noticias, donde le consultaron por sus campañas. Él no renegó de su trabajo: “Por supuesto. Partimos de la base de que, si no lo hacés vos, lo va a hacer el otro. Los callcenter de Macri estaban mal hechos, pero acá (por su oficina de Puerto Madero) hay inteligencia artificial y granjas de trolls. No percibís que no es una persona: hay cuentas que tienen 30 mil seguidores”.

Un ejemplo de esto fue en la campaña presidencial del 2018 en Brasil. El candidato Jair Bolsonaro tuvo comentarios homofóbicos que generaron repudio en la sociedad brasilera. «¿Cómo hicimos para revertir eso? Por WhatsApp empezamos a mandar miles de mensajes de trolls diciendo: “Yo soy gay. Bolsonaro podrá ser un nazi, pero la economía está bien y vamos a vivir más seguros”. A partir de esa influencia, parte de la comunidad gay lo apoyó”, comentó Cerimedo en esa entrevista.

Durante su Gobierno, Bolsonaro habló de «respetar las religiones y nuestra religión tradicionalmente judeocristiana, combatir la ideología de género». Al día siguiente, eliminó a los colectivos LGBTI+ de las políticas de derechos humanos. Foto: Agencia Presentes

Con esa infraestructura armada, la red sirve para instalar narrativas, fabricar una percepción de mayoría e intimidar a periodistas u opositores. Hay un uso todavía más sutil, que es distraer. Los llamados «therians» funcionaron así: ocuparon horas de debate en redes mientras avanzaba la discusión por la reforma laboral en el Congreso de la Nación.

Llenar la agenda de polémicas culturales, polarizar el intercambio y construir un enemigo visible es una receta conocida. «Inundar la zona de mierda» es una estrategia política ideada por Steve Bannon para crear un estado de opinión de crispación y polarización que los gobiernos de ultraderecha vienen aplicando. La inteligencia artificial acelera todo el proceso: viraliza a mayor velocidad, produce miles de comentarios verosímiles en segundos y fabrica la sensación una mayoría que en algunos casos termina por concretarse en la vida real.

La investigadora del CONICET especializada en polarización política y redes sociales en América Latina, Natalia Aruguete, lo explica a Chequeado: el ecosistema actual es híbrido, con cuentas automatizadas, personas que manejan varios perfiles, influencers, militancia genuina y publicidad segmentada operando juntos. “Por eso, la pregunta actual ya no debería ser solamente ‘¿hay bots?’, sino ‘¿qué arquitectura de amplificación existe, quién la activa, qué actores participan y cómo consigue conectarse con audiencias reales?’, apuntó la investigadora.

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