Brasil vota entre Lula y Bolsonaro en una elección atravesada por Trump y el avance de la derecha regional

Casi 159 millones de brasileños están habilitados para votar este domingo. Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro concentran una elección polarizada, atravesada por la intervención de Donald Trump, el encarcelamiento de Jair Bolsonaro y dos proyectos políticos enfrentados. Las últimas encuestas anticipan una disputa ajustada y una probable segunda vuelta.

Brasil elige presidente este domingo en una de las elecciones más polarizadas de los últimos años. Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro llegan como los principales candidatos de una primera vuelta atravesada por una fuerte disputa política interna y por la intervención de actores externos, con el gobierno de Donald Trump en el centro de las acusaciones brasileñas sobre injerencia extranjera.

Más de 158 millones de personas están habilitadas para votar y elegir presidente y vicepresidente para el período 2027-2031. La jornada, sin embargo, excede la disputa presidencial. También se eligen los gobernadores de los 26 estados y el Distrito Federal, se renueva la totalidad de la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado.

A sus 80 años, Lula busca un cuarto mandato no consecutivo. El actual presidente vuelve a competir por el Partido de los Trabajadores (PT) y plantea la elección como una definición entre «democracia y barbarie».

Luiz Inácio Lula da Silva, candidato del Partido de los Trabajadores (PT), agita banderas durante el acto de cierre de campaña en San Pablo, un día antes de las elecciones generales. Foto: Amanda Perobelli/Reuters.

Del otro lado aparece Flávio Bolsonaro, senador por Río de Janeiro, de 45 años, e hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro. El candidato del Partido Liberal (PL) intenta continuar el proyecto político construido por su padre y propone un «voto de protesta» para liberar al país del «atraso».

La elección no se limita a los dos principales candidatos. También compiten Augusto Cury (Avante), Ronaldo Caiado (PSD), Renan Santos (Missão), Romeu Zema (Novo), Samara Martins (UP), Rui Costa Pimenta (PCO), Edmilson Costa (PCB), Hertz Dias (PSTU), Wilson Grassi (Demócrata), Clariana Barão (DC) y Leonardo Avalanche (PRTB).

Sin embargo, las posibilidades de una tercera vía quedaron reducidas frente a una polarización que volvió a concentrar la disputa alrededor del lulismo y el bolsonarismo.

Flávio Bolsonaro saluda a sus seguidores durante un acto de campaña de cara a las elecciones presidenciales de Brasil. Foto: Reuters

El último Datafolha, publicado en la víspera de la elección, ubica a Lula con el 45% de los votos válidos y a Flávio Bolsonaro con el 42%. La diferencia está dentro del margen de error de dos puntos porcentuales. Otro relevamiento, de CNT/MDA, coloca al actual presidente en 47,8% y a su principal adversario en 42,1%.

La paridad continúa ante un eventual balotaje. Datafolha muestra a Lula con el 47% y a Bolsonaro con el 46%, nuevamente en empate técnico.

En ese escenario, la participación puede resultar decisiva. La abstención superó el 20% en las elecciones de 2022 y la movilización de los sectores populares aparece como uno de los factores que pueden inclinar el resultado.

Para ganar este domingo, un candidato necesita superar la mitad de los votos válidos. Si ninguno lo consigue, Brasil volverá a las urnas el 25 de octubre.

Trump, Bolsonaro y una elección que excede las fronteras de Brasil

La campaña brasileña tuvo un protagonista que ni siquiera aparece en la boleta. Donald Trump intervino abiertamente en la política brasileña y su gobierno tomó decisiones que terminaron convirtiendo la relación con Estados Unidos en uno de los ejes de la campaña.

La tensión llegó al punto de que la Agencia Brasileña de Inteligencia (Abin) informó a delegaciones de Francia y Alemania sobre presuntas acciones de interferencia estadounidense en el proceso electoral. La situación reforzó uno de los principales argumentos de Lula durante la campaña, centrado en la defensa de la soberanía brasileña.

La relación entre Trump y el bolsonarismo tampoco es nueva. Flávio Bolsonaro mantiene una fuerte sintonía política con el mandatario estadounidense y plantea un acercamiento de Brasil a Estados Unidos en caso de llegar al poder.

Flávio Bolsonaro y el presidente Trump en el Despacho Oval, en la foto difundida por el brasileño en redes sociales. Foto: @FlavioBolsonaro (EFE)

La candidatura de Flávio, además, está atravesada por la figura de su padre. Jair Bolsonaro fue condenado a más de 27 años de prisión por el intento de quebrar el orden democrático después de las elecciones de 2022 y quedó fuera de la competencia electoral. Su hijo mayor terminó ocupando el lugar de heredero político del movimiento que gobernó Brasil entre 2019 y 2022.

Flávio hizo de la situación de su padre uno de los ejes de campaña y prometió impulsar medidas para conseguir su liberación y una amnistía para los condenados por los ataques contra las instituciones brasileñas.

Lula respondió a la presión externa colocando la soberanía nacional y la defensa de la democracia entre los ejes centrales de su discurso electoral. En diferentes momentos sostuvo que «Brasil no es una república bananera» y que «Brasil es muy grande para entrar en el patio trasero de nadie».

La disputa adquirió incluso una dimensión religiosa durante las últimas semanas. La figura de Nossa Senhora Aparecida, patrona de Brasil, quedó envuelta en la campaña después de que circularan versiones según las cuales Bolsonaro pretendía retirarle ese reconocimiento. El candidato negó esa intención y denunció una campaña de desinformación. La Conferencia Nacional de Obispos de Brasil también rechazó haber participado en la difusión de esas versiones.

Luiz Inácio Lula da Silva sostiene una imagen de Nuestra Señora de Nazaret durante una actividad oficial en Belém. Foto: Ricardo Stuckert.

La discusión trascendió el episodio puntual. El voto religioso se convirtió en otro territorio de disputa entre el lulismo y una derecha bolsonarista con fuerte inserción entre los evangélicos, mientras sectores de la Iglesia católica pusieron el foco en la democracia, la soberanía y las políticas sociales.

Brasil vota, además, dentro de una América Latina donde las fuerzas conservadoras y de derecha ganaron terreno durante los últimos años. La llegada o consolidación de gobiernos de ese signo modificó el mapa regional y fortaleció la articulación política con Estados Unidos.

En ese tablero, Brasil ocupa un lugar difícil de reemplazar. Por su peso económico, demográfico y diplomático, el resultado de la elección tendrá consecuencias que excederán ampliamente sus fronteras.

Dos proyectos que disputan Brasil

La polarización expresa también dos formas diferentes de pensar el Estado, la economía y las relaciones internacionales.

Lula llega a la elección apoyado en una agenda que busca preservar y ampliar las políticas sociales. Durante su gobierno fortaleció el Bolsa Família, cuyo beneficio mínimo tuvo un aumento del 15%, y colocó entre sus banderas la mejora de los ingresos de los sectores populares.

Su proyecto mantiene una concepción de mayor intervención estatal en la economía, con inversión pública y políticas de empleo, salud y educación. En el plano ambiental, el gobierno también sostiene el objetivo de avanzar hacia la deforestación cero en 2030.

La defensa del régimen democrático y del multilateralismo completa esa orientación. El discurso de Lula durante la campaña vinculó esas banderas con la necesidad de preservar la autonomía brasileña frente a las presiones externas.

Flávio Bolsonaro propone un Estado más pequeño y una política económica de mayor austeridad fiscal. Su programa plantea recortes del gasto público, reducción de impuestos y una disminución de la estructura estatal, una orientación que encuentra puntos de contacto con las políticas impulsadas por Javier Milei en Argentina.

Un hombre camina frente a una tienda informal de banderas con la imagen del presidente de Brasil y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva y del candidato presidencial, Flávio Bolsonaro, en Brasilia (Brasil). EFE – Andre Borges

En seguridad, el candidato bolsonarista propone endurecer la respuesta contra el crimen organizado y otorgar mayor poder a las fuerzas de seguridad. También mantiene una postura crítica hacia el Supremo Tribunal Federal, una institución que ocupa desde hace años un lugar central en el enfrentamiento del bolsonarismo con el sistema judicial brasileño.

Las diferencias entre ambos candidatos también pueden verse en el mapa electoral. Lula conserva una ventaja muy amplia en el Nordeste, donde el último Datafolha lo ubica con el 59% frente al 28% de Flávio Bolsonaro. El presidente también obtiene mejores resultados entre los sectores de menores ingresos.

Bolsonaro muestra su mayor fortaleza entre los sectores de ingresos altos y en el Sur. Allí alcanza el 51% frente al 30% de Lula. También tiene ventaja entre los hombres, mientras el voto evangélico continúa siendo una de las bases fundamentales del bolsonarismo.

Milei con Flávio Bolsonaro en San Pablo. Foto: NELSON ALMEIDA/AFP

La división social, territorial y religiosa vuelve a mostrar una característica que atraviesa a Brasil desde hace años. Más que una elección entre dos candidatos, las urnas enfrentan nuevamente al lulismo y al bolsonarismo, dos identidades políticas que organizan buena parte de la discusión pública del país.

Lula busca un nuevo mandato presentándose como garante de la democracia, las políticas sociales y la soberanía brasileña. Flávio Bolsonaro intenta reconstruir alrededor de su candidatura el movimiento de derecha que llevó a su padre al poder y que ahora encuentra aliados en una nueva configuración conservadora regional.

Las últimas encuestas no permiten anticipar quién se impondrá. Sí muestran un país partido prácticamente por la mitad.

Si ninguno consigue este domingo más del 50% de los votos válidos, la disputa continuará el 25 de octubre. Brasil volverá entonces a decidir entre dos proyectos que pueden modificar no sólo el rumbo de la principal potencia sudamericana, sino también el equilibrio político de una región nuevamente atravesada por la disputa entre izquierda y derecha.

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