Flávio Bolsonaro se impuso en Brasil y dejó a Lula ante un difícil balotaje: las señales que deja la elección

El hijo del expresidente quedó primero y llegará fortalecido a la segunda vuelta frente a Lula. El resultado expuso la vigencia del bolsonarismo, el desgaste de los oficialismos en Sudamérica y dejó una lectura para la Argentina.

Flávio Bolsonaro se impuso este domingo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil con el 47,20% de los votos, mientras que el actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, alcanzó el 44,96%. Con el 99,10% de las urnas contabilizadas, la diferencia entre ambos se redujo a 2,24 puntos.

Ninguno alcanzó el 50% necesario para ganar la Presidencia y ambos volverán a enfrentarse en el balotaje del próximo 25 de octubre. Bastante más atrás quedaron Augusto Cury, con 2,90%, y Renan Santos, con 2,25%. La abstención llegó al 21,07%, un universo que puede convertirse en una de las claves de la estrategia de Lula para intentar revertir el resultado.

Cerca de 159 millones de brasileños estaban habilitados para votar en una jornada en la que también se eligieron gobernadores, diputados, senadores y legisladores regionales.

El resultado dejó a Flávio como favorito fuerte para la segunda vuelta, con probabilidades de triunfo mucho más altas que antes de las elecciones. Las principales encuestas habían llegado al domingo con Lula ligeramente por encima. Ahora el presidente tendrá tres semanas para conservar su electorado y mostrar una capacidad excepcional para movilizar a quienes no eligieron al PT pero tampoco quieren el regreso del bolsonarismo.

Mapa electoral de Brasil. En rojo, los estados donde se impuso Lula da Silva; en azul, aquellos donde ganó Flávio Bolsonaro. La intensidad del color representa el porcentaje de votos obtenido por el candidato ganador en cada estado. Fuente: La Nación.

Flávio fue probablemente el candidato con mejores condiciones que Jair Bolsonaro tenía para intentar recuperar el gobierno. Es el menos radical de sus hijos con protagonismo político y durante la campaña buscó mostrarse más moderado, aunque mantuvo las principales banderas de su padre.

La apuesta funcionó. Un expresidente preso e impedido de competir consiguió transferir buena parte de su capital electoral a uno de sus hijos. Jair Bolsonaro fue condenado a más de 27 años por el intento de quebrar el orden democrático después de las elecciones de 2022 y, aun fuera de competencia, mantiene una fuerte capacidad para ordenar a la derecha brasileña.

El bolsonarismo también tiene otros liderazgos. Michelle Bolsonaro, esposa del expresidente y con llegada entre las mujeres conservadoras y las iglesias evangélicas, fue elegida senadora por el Distrito Federal. Los evangélicos representan más de una cuarta parte de la población brasileña y fueron uno de los pilares electorales de Jair. Flávio consiguió conservar buena parte de ese vínculo.

La elección estuvo atravesada, además, por la intervención de Donald Trump, aliado de la familia Bolsonaro. Lula respondió a la presión estadounidense con un discurso centrado en la defensa de la soberanía brasileña, pero esa estrategia no alcanzó para terminar la primera vuelta por encima de Flávio.

Una economía que crece y un oficialismo que pierde

La economía ofrece otra clave para interpretar el resultado. Brasil no llegó a las elecciones en recesión. El desempleo está cerca de mínimos históricos y la actividad todavía crece, aunque comenzó a desacelerarse.

Agricultura y minería mostraron mayor dinamismo, mientras el consumo perdió fuerza y se deterioró el ingreso disponible de las familias. A eso se sumaron las altas tasas de interés y el aumento de los combustibles provocado por el shock internacional.

El escenario expone una dificultad que atraviesa a buena parte de Sudamérica. El precio de las materias primas, las tasas internacionales y otros shocks externos pueden modificar rápidamente las condiciones económicas internas. Una suerte de maldición de la volatilidad que termina condicionando también las posibilidades electorales de los gobiernos.

Los antecedentes muestran la magnitud del problema. Desde 2015 hubo 26 elecciones presidenciales en Sudamérica, sin contar Venezuela, y en apenas cuatro el oficialismo consiguió conservar el poder. Los casos se concentraron en Ecuador y Paraguay, con dos triunfos cada uno.

Lula todavía tiene algunas cartas para el 25 de octubre. Una aparece en São Paulo, el distrito electoral más grande del país. Allí Tarcísio de Freitas, aliado del bolsonarismo, consiguió este domingo su reelección como gobernador y no tendrá que volver a competir. La ausencia de una segunda vuelta estadual podría reducir los incentivos para movilizar a una parte del electorado bolsonarista.

Para Lula, el problema será de dónde sacar los votos para revertir la elección. Antes del domingo se estimaba que podía captar alrededor del 40% de quienes no eligieran a ninguno de los dos principales candidatos, una cuenta que resultaba más favorable si terminaba primero. Ahora deberá ampliar esa base y una posibilidad será movilizar a parte del casi 20% que se abstuvo, un porcentaje que también refleja el descrédito del sistema político brasileño y anticipa dificultades de gobernabilidad para quien gane.

El mapa electoral también volvió a mostrar las diferencias internas de Brasil. Lula mantiene sus principales fortalezas en el Nordeste y entre los sectores de menores ingresos, mientras el bolsonarismo tiene mayor penetración entre los evangélicos, los hombres, sectores de ingresos más altos y buena parte del Sur.

Fuera de Brasil apareció otro contraste. Entre los brasileños que votaron en Buenos Aires, Lula consiguió alrededor del 66% y aventajó a Bolsonaro por unos 27 puntos.

Las señales para la Argentina

Para Javier Milei, el resultado tiene una primera lectura favorable. El Presidente mantiene una relación política e ideológica cercana con la familia Bolsonaro y la posibilidad de que un aliado llegue a gobernar el país más grande de Sudamérica fortalece a las derechas de la región.

Pero el mismo resultado ofrece otra lectura de cara a 2027. Milei llegará a las próximas presidenciales en la posición que hoy ocupa Lula. Tendrá que defender su gestión y buscar la reelección en una economía también expuesta al precio de las materias primas, las tasas internacionales y otros factores externos.

El antecedente regional es significativo. De los 26 oficialismos que disputaron elecciones presidenciales en Sudamérica desde 2015, 22 no consiguieron conservar el poder. En ese sentido, la fortaleza electoral del bolsonarismo favorece políticamente a Milei, mientras que la dificultad de los oficialismos para conseguir la reelección tampoco deja mal parado al peronismo argentino.

La elección dejó incluso una comparación más lejana con la política argentina. Jair Bolsonaro, preso e impedido de competir, consiguió transferir buena parte de su capital electoral a uno de sus hijos y llevarlo al primer lugar. Cristina Fernández de Kirchner tampoco puede ser candidata y Máximo Kirchner tiene peso propio dentro del peronismo. Una experiencia similar parece hoy poco probable en Argentina, pero el caso brasileño suma un dato de color sobre la capacidad que pueden conservar algunos liderazgos aun cuando quedan fuera de la competencia electoral.

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