Milei buscó una bilateral con Trump, pero apenas tuvo un cruce de pasillo con Marco Rubio, sin hablar de Malvinas

En cambio, Trump recibió al primer ministro británico. Se mostraron cordiales ante las cámaras y mencionaron las Islas Malvinas.

Durante su tercer discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, el presidente Javier Milei colocó el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas en el centro de su agenda de política exterior y, al mismo tiempo, lanzó una dura crítica contra el organismo multilateral. En su intervención, el mandatario definió a las Malvinas como una «causa nacional» y denunció a la ONU como una «organización inútil» que «decidió mirar para el otro lado» ante la ocupación colonial británica y la extracción ilegal de recursos naturales en el Atlántico Sur.

En uno de los pasajes más duros de su alocución, Milei sostuvo que la institución internacional se convirtió en «una casta de parásitos, fatalmente arrogantes, disfrazados de burócratas bien intencionados». También cuestionó que, a 50 años de la Resolución 3149 —que insta a las partes a no introducir modificaciones unilaterales—, el Reino Unido continúe avanzando con el proyecto petrolero León Marino en la Cuenca Malvina Norte mediante licencias ilegales.

Además, Javier Milei corrigió su anterior postura y afirmó que el principio de libre determinación no aplica a una población implantada por una potencia colonizadora.

Frente a esa situación, el Presidente lanzó una advertencia directa: «La Argentina no se va a sentar a esperar a que la ONU y la comunidad internacional estén a la altura de su propio mandato; va a tomar cartas en el asunto», y reiteró la invitación a Londres para reanudar las negociaciones pacíficas.

Horas antes de la presentación argentina, el primer ministro británico, Andy Burnham, expuso ante la Asamblea con una retórica centrada en el «hard power» y la disuasión militar. En su discurso, Burnham trazó una extraña analogía entre la invasión rusa en Ucrania y el reclamo soberano argentino en el Atlántico Sur. Lo expresó en estos términos: «No solo de Rusia, sino de otros, incluso cuando amenazan los derechos de los territorios británicos a seguir siendo británicos, como es el caso de las Islas Malvinas«. Y concluyó: «Trabajaremos incansablemente para construir nuestro poder duro, nuestra disuasión, pero no jugaremos el juego de Rusia«.

La declaración motivó la réplica inmediata del canciller argentino Pablo Quirno, quien pidió la palabra ante el plenario para recordar la ocupación ilegal de 1833 y remarcar que Argentina sostiene una posición pacífica y apegada al derecho internacional.

Los intentos frustrados de Cancillería argentina

En la previa de la cumbre en Manhattan, el objetivo central de la Cancillería argentina fue concretar un encuentro bilateral formal entre Javier Milei y Donald Trump, con la intención de obtener un gesto explícito de respaldo al reclamo de soberanía sobre Malvinas. Sin embargo, ese encuentro no llegó a concretarse.

Durante el encuentro del Escudo de las Américas, Trump ofreció unas breves palabras generales de apoyo a los mandatarios latinoamericanos presentes y se retiró sin acercarse al presidente argentino. Ante la imposibilidad de conseguir la foto con Trump, el Gobierno intentó exhibir un avance al anunciar una reunión con el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio. Sin embargo, el funcionario estadounidense atendió a Milei de parado en un pasillo.

En ese intercambio fugaz, el reclamo por Malvinas quedó completamente omitido. El propio Quirno admitió posteriormente que la charla versó sobre la relación bilateral, inversiones, el Escudo de las Américas. Por su parte, Rubio publicó en redes sociales: «Nuestra relación bilateral es sólida, y nuestro hemisferio es más seguro gracias a nuestra estrecha cooperación en temas de energía, minerales críticos y agricultura», confirmando que el tema de las islas no estuvo en la conversación.

El encuentro de Andy Burnham con Trump: reunión a solas, sintonía y Malvinas sobre la mesa

A diferencia de los intentos de la Casa Rosada, quien sí logró asegurar un encuentro a solas de más de 30 minutos con Donald Trump fue el premier británico Andy Burnham. Acompañados por sus delegaciones en Nueva York, ambos líderes mostraron una sintonía cordial frente a las cámaras.

Al finalizar la reunión bilateral, Burnham confirmó públicamente ante la prensa que la controversia sobre las Malvinas había formado parte de la agenda privada discutida con el presidente estadounidense. El primer ministro británico declaró: «Hoy tuviste la amabilidad de permitirnos hablar sobre algunos temas relacionados con el comercio. Mencionamos las Malvinas. Y tuviste la amabilidad de escucharnos sobre esos temas».

Por su parte, Donald Trump elogió públicamente al primer ministro al calificarlo como un «comerciante nato» y respaldó la alianza angloamericana al manifestar: «La relación con Reino Unido está bien, ha mejorado sustancialmente. Nos cuidamos. Hemos hablado de comercio, de las Malvinas. Ha sido genial».

Primero pegar, después negociar

El episodio en Nueva York reeditó una secuencia que ya había generado expectativas en torno a la posición de Washington sobre Malvinas. Meses atrás, la filtración de un correo electrónico del Pentágono sobre una supuesta revisión de la postura histórica de EE.UU. hacia la soberanía de las islas había despertado expectativas en la diplomacia argentina.

En aquel momento, el propio Marco Rubio relativizó el alcance del documento al señalar en una entrevista: «Era simplemente un correo electrónico con algunas ideas. La gente se está exaltando demasiado por un mail». A los pocos días de que trascendiera el rumor, el rey Carlos III realizó una visita oficial a Washington en el marco del 250° aniversario de la independencia estadounidense para afianzar el vínculo bilateral.

Durante su discurso en la capital estadounidense, el monarca británico destacó que «los amigos pueden discrepar sin que ello rompa los lazos inquebrantables que los unen», a lo que Trump respondió reafirmando el alineamiento histórico: «Los estadounidenses no han tenido amigos más cercanos que los británicos».

El hecho permite vislumbrar el modus operandi de la diplomacia de Donald Trump: primero presiona, luego acuerda en una posición ventajosa respecto a su contraparte.

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