Barreal sigue prendida fuego por el femicidio de Camila entre el cinismo del femicida y el silencio de gendarmería

Dos días después del femicidio de la aspirante a Gendarmería en Barreal, las marchas no pararon, aparecieron versiones cruzadas sobre un antecedente de violencia y desde la institución prohibieron marchar a los compañeros.

Camila Agustina Vechiarello llegó a San Juan para entrar a Gendarmería y fue asesinada por Carlos Gonzalo Rivero en un departamento del complejo de la fuerza, en Barreal. Su familia dice que ella ya había denunciado y que después del femicidio siguieron recibiendo mensajes desde su celular. La Fiscalía dice que no hay registro de ninguna denuncia. Mientras tanto, el pueblo caminó dos noches seguidas hasta la puerta del instituto para reclamar Justicia por una nueva víctima a la que el sistema volvió a fallarle. La institución aún no se ha expresado públicamente sobre los hechos y compañeros de Camila contaron que no los dejaron participar de las movilizaciones.

La noche del domingo, con frío, una multitud salió con velas desde la Plazoleta Almirante Brown hasta el Instituto de Formación de Gendarmes Félix Maniflor. El lunes volvieron: se juntaron a las 18 en la plaza General San Martín y caminaron hasta el ingreso del Escuadrón 26. Hubo, además, concentraciones simultáneas en las tres plazas principales de Calingasta: Barreal, Tamberías y Villa Calingasta. Uno de los cantos que se repitió fue «No estamos todas, nos falta Camila».

Camila Agustina Vechiarello tenía 26 años, era de Rosario y había llegado a la cordillera sanjuanina con un plan concreto: terminar la instrucción para ingresar a Gendarmería Nacional. Le faltaba poco, además, para recibirse de enfermera; la idea era combinar las dos cosas. Fue encontrada el mediodía del domingo 13 de septiembre en el departamento de calle Cordillera de Ansilta 48, tendida en el dormitorio y cubierta con una manta. El edificio era el complejo de viviendas destinado a gendarmes y aspirantes.

La autopsia contó alrededor de nueve heridas cortopunzantes, varias en el cuello, que le provocaron una hemorragia fatal y un shock hipovolémico. También tenía cortes en las manos, que los peritos leyeron como maniobras de defensa.

Sobre el cuerpo estaba Carlos Gonzalo Riveros, de 25 años, inconsciente y con signos de haber intentado matarse. Sobrevivió, recibió el alta esa misma tarde y el juez de Garantías ordenó su detención inmediata. Los peritos secuestraron dos celulares, dos cuchillos ensangrentados, prendas de vestir y una carta manuscrita en la que Riveros pedía disculpas a las dos familias.

Riveros también era aspirante, pero había sido separado del instituto el 25 de agosto: el parte de Gendarmería consignó «bajo rendimiento académico». Camila seguía adelante. El fiscal Adolfo Díaz habló de un posible móvil vinculado a esa diferencia, sin darlo por probado. La causa quedó caratulada como homicidio agravado por el vínculo y por mediar violencia de género. Un vecino del complejo declaró haber escuchado el grito de una mujer cerca de la 1.30 de la madrugada del domingo, horario compatible con la data de muerte establecida por los forenses.

Los mensajes y un pedido de dinero

La familia de Camila contó que, después de ese horario —es decir, cuando ella ya habría estado muerta—, siguió recibiendo mensajes desde su celular. Uno de sus familiares venía hablando con ella hasta el sábado por la tarde y esa noche recibió un pedido de dinero que le llamó la atención, aunque no lo cuestionó por la hora. Hicieron la transferencia. El domingo el padre de Camila recibió mensajes nuevos desde el mismo teléfono.

Recién después entendieron que algo no cerraba: notaron que respondía distinto, mandaba emojis que no usaba y cometía errores de ortografía que no eran de ella. La familia describió esos últimos mensajes como «terroríficos» y está convencida de que fue Riveros quien manejó el teléfono. También efectuó un pedido de dinero a la familia de la víctima. Los investigadores ahora deben determinar quién usó ese celular después de la muerte de Camila.

El silencio de Gendarmería

Compañeros de curso de Camila contaron —a través de fuentes que citó 0264 Noticias— que no los dejaron participar de las movilizaciones, que no hubo jornada de duelo y que la actividad académica siguió con normalidad. La noche de la primera marcha, según ese relato, les ordenaron entrar todos a las 18. Tampoco pudieron exhibir fotos u otros elementos para homenajearla dentro de las instalaciones, y notaron que algunas banderas no estaban a media asta.

La familia, por su parte, dijo que hasta el mediodía del lunes ningún representante de Gendarmería se había comunicado directamente con ellos. La fuerza no emitió, hasta el cierre de esta nota, ningún comunicado público sobre el caso.

Lo que viene es la audiencia de formalización, las pericias sobre los dos celulares secuestrados y la investigación judicial correspondiente. Queda flotando la pregunta de qué hace una institución cuando la violencia no le llega de afuera sino que le nace adentro, entre dos de sus propios aspirantes, en una vivienda que ella misma administra. Hasta ahora, silencio.

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