A pulmón y con las rejas rotas: el Espacio Franklin, sede del teatro independiente sanjuanino, después del robo
El espacio que la Biblioteca Franklin sostiene desde hace quince años quedó en refacción tras dos robos consecutivos. Su encargado pide difusión.

La madrugada del pasado viernes 28, alguien saltó el enrejado del espacio Franklin, pasó una segunda reja que cierra un pasillo lateral y reventó una puerta. Cuando Agustina llegó la mañana del sábado para dar un taller de improvisación de la Asociación de Actores, se encontró con el desastre: una consola de luces, un parlante y un horno eléctrico —el que usaban para comer algo después de las funciones— habían desaparecido. La denuncia se tomó y el espacio se cerró como se pudo. Al día siguiente, los ladrones volvieron y se llevaron lo que quedaba. El espacio organiza un encuentro para recaudar fondos el 19 y 20 de septiembre.
«Realmente te desalienta», resumió José Annecchini, encargado del espacio ante el Instituto Nacional del Teatro (INT) y ante la comisión directiva de la Biblioteca Franklin. Además del botín, lo que afectó al espacio fueron los daños. Los grupos frenaron toda la programación: el espacio quedó en refacción, con divisiones y cortinados rotos, dependencias que hubo que rehacer y buena parte del mobiliario desparramado. Alcanzaron a resguardar lo que quedaba del parque de iluminación, pero por ahora no están en condiciones de abrir.

El Franklin funciona desde hace quince años en un local que la Biblioteca Franklin pone a disposición, recibido en su momento como donación del Club de Amigos de Trinidad, en la calle Entre Ríos antes de Benjamín Aguilar, Trinidad. No hay productor ni empresa detrás: las obras, los talleres y la programación se sostienen en cogestión con los grupos de teatro independiente. «El teatro independiente no tiene productor. Son los mismos grupos los que se asocian en una cooperativa de trabajo, donde cada uno aporta lo que puede», explicó Annecchini.
El teatro independiente sanjuanino se hace a pulmón, con una estructura relativamente inestable y con equipos que cuesta años reunir. Cada consola, cada parlante, cada foco representa funciones, rifas, subsidios gestionados y aportes de bolsillo de actores y actrices que, además de actuar, gestionan, limpian, reparan y consiguen.
Annecchini señaló que el teatro que se hace en San Juan tiene un nivel que no tiene nada que envidiarle a los grupos de alcance nacional, con directores, dramaturgos y actores que sorprenden a quien se acerca por primera vez. El problema es que se conoce poco. «Cuando ven lo que hacemos, no pueden creer que existan estos espacios», afirma. Por eso reclama, más que dinero estatal, difusión: que las obras aparezcan en los medios, en las radios, en las redes.

Por ahora, la comunidad teatral se organizó con aportes «no importa cuán pequeños», la Asociación Argentina de Actores, filial San Juan aportó alarmas y la Municipalidad de la Ciudad de San Juan se puso a disposición para recibir los pedidos del espacio. El 19 y 20 de septiembre habrá un festival a beneficio, con equipos prestados, para juntar fondos y reponer lo que falta.
“El teatro es un arte colectivo”, señaló Annecchini. Eso es lo que le gustaría ver reflejado en la sociedad: más unidad y más solidaridad.
En el plano judicial hay avances. La denuncia fue radicada en la Comisaría 3ª de Trinidad, que junto con efectivos de la Brigada de Investigaciones y Policía Científica levantaron huellas que permitieron identificar a un sospechoso, y hay una persona detenida a la que se le encontraron tres de los elementos robados. Annecchini destaca el trabajo policial y confía en recuperar la mayoría de lo sustraído.
Mientras tanto, el Franklin sigue cerrado, sostenido por la misma gestión que lo levanta desde quince años. Annecchini subrayó que “el teatro es un arte al que no se renuncia”, y el mismo golpe que desalienta, admiti, «te pone una inyección» para buscar cómo seguir. La reapertura dependerá de que esa comunidad siga bancándolo y de que la difusión que reclama efectivamente llegue.
