Las cinco claves para entender la crisis de endeudamiento en Argentina

La devaluación del crédito, el congelamiento salarial, el auge de las billeteras virtuales, la crisis de salud mental y la negación del Gobierno nacional hacen a una de las crisis de morosidad más grandes de la historia.

El 26 de agosto, el oficialismo y sus aliados bloquearon un proyecto de la oposición destinado a personas en situación de morosidad con bancos tradicionales o billeteras virtuales. Días atrás, después de casi un mes de «agenda privada», el presidente Javier Milei mantuvo una reunión en Casa Rosada con su gabinete. Según informó Infobae, una de las conclusiones del encuentro fue para el Gobierno no hay una crisis de morosidad en Argentina. El Ejecutivo atribuye los indicadores de endeudamiento a una situación transitoria.

En paralelo, distintos estudios revelan indicadores que contradicen el relato oficial. Entre los números más destacados: casi 6 millones de personas están en situación de mora grave; el 92,3% de las familias arrastra deudas; y un 62,5% de los consumos con tarjeta de crédito se destina a la subsistencia básica, específicamente a la compra de alimentos.

Son cinco los ejes para entender la actual crisis de morosidad que atraviesa el país: la devaluación del crédito; la trampa de la inflación a la baja; el auge de las billeteras virtuales; la crisis de salud mental; y el choque entre el relato oficial y la calle.

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Tarjetear para comprar comida

El primer gran cambio respecto a crisis anteriores es el destino del financiamiento. El crédito ya no se utiliza para adquirir bienes duraderos o remodelar el hogar, como indican tanto relevamientos nacionales como el del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) y locales como el de Amas de Casa del País.

A nivel nacional, según datos del Banco Central de la República Argentina, el 62,5% del uso de tarjetas de crédito se destina a la compra de alimentos. En San Juan, según Amas de Casa, el 94% de las familias endeudadas se compromete financieramente para comprar comida. Esta situación convierte a la deuda en un consumo improductivo orientado únicamente a cubrir necesidades básicas.

El aumento de los gastos fijos

Según el INDEC, el índice de inflación para julio fue del 2,1%, lo que supone un incremento del 1,9% respecto a junio. El dato significó un freno a la tendencia descendente que comenzó después del 3,4% registrado en marzo. De hecho, el presidente Javier Milei había anticipado que el índice de julio empezaría «con cero». Más adelante, al conocerse el incremento de la inflación mayorista, el mandatario tuiteó «al final empezó con cero».

Si bien (a excepción del dato de julio), la suba de precios desacelera, no existe un alivio financiero en la economía doméstica. Esta situación se explica, principalmente, por el peso de los gastos fijos. Según el equipo económico del senador Martín Lousteau, servicios, transporte, salud y alquileres pasaron de representar el 49% al 54% de los ingresos de una familia tipo. Por ejemplo, mientras la inflación del primer semestre fue del 16,8%, los alquileres subieron un 27% en el mismo periodo. Sin ahorros disponibles, los hogares se ven forzados a endeudarse para cubrir esta diferencia.

Por otro lado, como explicó a La Mecha el economista Hugo Berozzi, los precios están subiendo a un ritmo menor no porque los sueldos estén mejorando, sino porque se encuentran estancados desde 2023 y por el impacto del ajuste fiscal. «En todo empleo público los salarios ya están atrasados. Por ahí pueden haberse sostenido un tiempo con deuda, tomando créditos en Mercado Pago, pero eso está mostrando límites»

La mora fuera del sistema bancario tradicional

Las estadísticas que maneja el Banco Central suelen mostrar solo la superficie de la situación. El análisis de la calle revela que el 49,3% de las deudas vigentes de los argentinos queda totalmente fuera de los registros tradicionales de la banca.

Esta morosidad invisibilizada incluye atrasos graves en el pago de alquileres, impuestos locales, tasas de servicios, deudas acumuladas en comercios de cercanía bajo la forma de «fiado» y préstamos en el mercado informal. Los sectores vulnerables que carecen de acceso al crédito bancario terminan recurriendo a las billeteras virtuales o a prestamistas barriales de última instancia. Esto los expone a tasas usureras que reproducen el endeudamiento de manera permanente, convirtiendo la deuda en una trampa de control que limita las posibilidades y aspiraciones de los sectores populares.

Según datos de la consultora 1816 basados en el Banco Central, la mora en Mercado Pago se triplicó en el último año y alcanzó el 14,6%. En los últimos días, el dirigente del Partido Obrero Gabriel Solano denunció a la billetera virtual por «usura». «[Mercado Pago] cobra un costo financiero total efectivo anual de más del 1.300%, aprovechándose de millones de laburantes que no llegan a fin de mes», escribió el ex diputado de CABA.

El choque de relatos

La crisis de la morosidad también se juega en el plano de la narrativa política. Javier Milei y sus ministros niegan de manera rotunda que exista una crisis de morosidad sistémica en el país, basándose en que los atrasos en los pagos representan un «deterioro transitorio» que ya muestra tendencias descendentes en las estadísticas financieras formales. En reiteradas ocasiones, Milei opinó que la idea de que la gente no llega a fin de mes es una farsa.

El mandatario ratificó que no modificará el plan de ajuste fiscal bajo el lema de que «al populismo no se le gana con más populismo» y atribuyó la visibilización de la crisis a discursos que buscan infundir incertidumbre de cara a la campaña electoral de 2027. Milei incluso llegó a calificar la problemática como un «efecto mundial» colateral de las personas que se endeudaron para comprar televisores durante el mundial de fútbol.

En paralelo, múltiples estudios indican datos que contradicen la postura del oficialismo. De acuerdo con datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la tasa de incumplimiento en préstamos a hogares alcanzó el 12,7% en junio de 2026, frente al 2,5% registrado en octubre de 2024. Además, 5,8 millones de personas acumulan atrasos superiores a 90 días.

Esta situación motivó una movilización de la CGT, UTEP y las dos CTA al Ministerio de Economía en CABA el 20 de agosto. El reclamo central de la «marcha de los endeudados» se basó en el sobreendeudamiento de las familias, que, según las organizaciones convocantes, recurrieron a préstamos para afrontar gastos en alimentos, medicamentos y servicios básicos.

La crisis de salud mental

Un relevamiento del Observatorio de Psicología Social de la Universidad de Buenos Aires (UBA) asoció de forma directa las deudas con el deterioro psicológico de la población. El informe expone que el 35,85% de los encuestados está atravesando una crisis vital y, de ellos, el 55,91% indica que los bajos ingresos y las deudas son el detonante principal. Ante la gravedad de la situación, la falta de recursos bloquea la asistencia profesional: el 43,44% de los encuestados admite no poder acceder a terapia debido a sus dificultades económicas.

«La deuda también te pone en una situación de angustia porque no vas a poder satisfacer las necesidades de tu familia», señaló a La Mecha el psicólogo y referente del Foro de Salud Mental San Juan, Marco Moroni.

Otro dato que arroja el relevamiento es que a menor edad y menor nivel socioeconómico, mayores son los niveles de ansiedad y depresión. En ese sentido, Moroni expresó preocupación en torno a «qué tipo de mundo puede proyectar un joven que a tan temprana edad comienza tan endeudado». Sin embargo, el referente indicó que el verdadero problema está a nivel social: «La deuda, como forma de vida, corta lazos, te aisla y te culpabiliza».


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