¿Quién nos habla aquí de olvido, de renuncia, de perdón? La vigilia por Malvinas desde Tierra del Fuego
Veteranos de la Guerra, familias, amigos, vecinos, estudiantes, trabajadores, todo un pueblo se reúne para recordar a sus héroes y a las Islas argentinas.
La noche del 1 de abril de 1982, Puerto Belgrano era un hormiguero alborotado. Miles de soldados cargaban armamento, munición, alimentos y demás equipo de supervivencia a los buques allí anclados. Era un movimiento habitual, un ejercicio como tantos que realizaba la Armada Argentina, nada escapaba a la normalidad para los marinos que se disponían a embarcar y zarpar mar adentro. Ninguno de ellos sabía hacia dónde se dirigían, hasta que escucharon la grabación.
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“Nuestra misión es la desembarcar en las Islas Malvinas y desalojar a las fuerzas militares y a las autoridades británicas que se encuentren en ellas” sonó por los altoparlantes. “Serán duros con el enemigo, pero corteses, respetuosos y amables con la población de nuestro territorio a los que debemos proteger” continuó la voz electrónica.
La noche del 1 de abril de 1995 un grupo de veteranos se reunió en las costas de la ciudad de Río Grande. Cargaron leña de lenga y un tacho, encendieron un fuego y clavaron la mirada hacia el mar, a las Islas.

200 kilómetros al sur, el fenómeno se replicaba en la capital fueguina. Llevaron una guitarra y cantaron a la luz del fogón. Jugaron al truco, cebaron unos mates para calentar el cuerpo. Con el correr de las horas se fueron sumando los taxistas que trabajaban de noche.

El acto significó una resistencia frente al silencio institucional que el Estado mantuvo durante años sobre la Guerra de Malvinas. Los años siguientes el ritual se repitió. Cada edición fueron sumándose más personas: familiares de veteranos, vecinos y amigos, estudiantes y trabajadores de la ciudad.
La vigilia por Malvinas en Rio Grande
El 1 de abril de 2026 se cumplen 31 años de aquél momento. La vigilia hoy es un acto colectivo que involucra a toda la provincia y promete expandirse al resto del país.
Lo primero que uno nota al llegar es que todo Tierra del Fuego está relacionado a las Islas: calles, plazas, edificios, todo lleva el nombre de Malvinas.
En Rio Grande, sobre la Avenida Héroes de Malvinas, en el Monumento a los Héroes de Malvinas, de cara al mar se yerguen figuras de soldados, cañones, banderas, y la histórica carpa verde que funciona como centro simbólico de la vigilia. En frente, el predio del legendario Batallón de Infantería de Marina N°5, estimado por todos los riograndenses.
El lugar comienza a colmarse de gente mucho antes de empezar el cronograma de actividades. Sopla un viento que es más fuerte y frío allí que en cualquier parte del continente, y que invita a entrar a la carpa. Adentro espera un altar, la cruz y la virgen, y de fondo una pantalla con las Malvinas pintadas de blanco y celeste. La misa inaugura la jornada.
“¿Qué estamos dispuestos nosotros a dar por nuestra patria?, los combatientes dieron su vida” dice el párroco Iván Fresa en su homilía antes de dar la comunión.

La carpa está llena de gente y cruje con el viento. Familias, grupos de amigos, jóvenes, veteranos de guerra, soldados –principalmente de la Armada y en segundo lugar de la Fuerza Aérea–. Al terminar la misa, todos se abrazan y la conversación corre entre conocidos y desconocidos. El fueguino desprende una calidez que contrarresta el frío del Atlántico Sur y te hace sentir un local más.
A una cuadra está el camión del Sindicato de Petróleo y Gas Privado. Allí mantienen un fogón con el que alimentan una decena de ollas enormes. “Hay locro para 2.500 personas, siempre alcanza” dice Agustín, de cofia y delantal, el cocinero de la vigilia.

Entre la multitud se abre paso una bandera Argentina interminable escoltada por 44 antorchas, una por cada año que pasó desde la Guerra. Pasa debajo del umbral que da la bienvenida al Monumento a los Héroes de Malvinas, rodea el mástil sin pabellón y continúa hacia las escaleras que bajan a la playa. Son los veteranos de Malvinas que rinden homenaje a sus compañeros caídos en las Islas y hundidos en el océano. Con ellos desciende también el pueblo, que se mezcla con los veteranos en una herida que es compartida. Los aplausos y gritos de ¡Viva la Patria! calientan el pecho y las manos. Allí, en la arena, la gente mira hacia el mar, la luna brilla en el cielo y se espeja en las olas. A 590 kilómetros esperan las Islas, es el punto más cercano desde el continente.



La Operación Rosario, historia viva en Tierra del Fuego
Unos momentos después, en la misma playa, un grupo de soldados baja de una balsa y toma posición en la playa. Llevan la cara pintada de negro, vestidos con el conocido uniforme verde oliva de 1982. Es la Operación Rosario en la que Argentina recuperó las Islas usurpadas, materializada ahora en historia viva.

Los comandos se abren paso entre la gente y llegan hasta la calle. Del otro lado, en el predio del BIM N°5, hay una loma de tres o cuatro metros de alto en cuya cima se levanta una casa de madera blanca y techado verde. Es la casa del gobernador británico en Malvinas.

Con las luces de los celulares como fondo, las tropas argentinas rodean la casa y, en su intento por tomarla, se desata una balacera. Allí muere Pedro Edgardo Giachino, el primero del conflicto. Entre humo y bengalas rojas, los argentinos asaltan el edificio y apresan a las simuladas fuerzas británicas. Izan la bandera Argentina y el público irrumpe en aplausos.

La voz de los veteranos de Malvinas
Cerrando la noche, el veterano Bernardo Ferreyro lee el documento elaborado por los centros de combatientes de todo el país. “No nos tenemos que olvidar que el oro del mundo no es el oro, sino que es el agua. La Antártida tiene la mayor reserva de agua del mundo, así que todos los países están tratando de poder dominarla. No olvidemos que ahora, en 2048, se renueva el tratado antártico. Inglaterra, al tener el dominio de las Islas usurpadas, tiene por proyección el dominio sobre toda la Antártida”, denuncia.
Crítico con la clase política y su desempeño en materia de defensa nacional, Ferreyro dice: “Hay que preparar a la gente que nos va a gobernar: los que gobernaron hasta ahora se han equivocado. Si seguimos en la misma, de tener decisiones mezquinas o con intereses, no vamos a salir nunca del pozo”.


El cierre fue una consigna a todo el pueblo argentino: “Tienen que conocer la tierra en la que viven. Tiene que saber que la Isla Grande de Tierra del Fuego es el centro del país. Queremos que el país entienda que tenemos que amar nuestra tierra, porque es maravillosa. Si nosotros dejamos que potencias extranjeras vengan y ocupen nuestro territorio, lamentablemente el final no va a ser bueno para los argentinos”.
El acto cierra con el izamiento de la bandera, el himno nacional y la marcha, para recordar a nuestros héroes y gritar ¡Las Malvinas Argentinas, clama el viento y ruge el mar!

