El valor del litro de agua de uso doméstico es 200 veces mayor que el litro del agua para riego de vid
El recurso más crítico de la región es, al mismo tiempo, el insumo al que menos valor económico le asigna la cadena productiva.
En una provincia desértica como San Juan, la paradoja económica de la vitivinicultura se hace evidente al analizar sus costos: mientras un ciudadano de Capital paga $0,42 por cada litro de agua potable a OSSE, el sector viticultor promedio abona apenas $0,0019 por litro de agua de riego. Es decir, el uso doméstico es 200 veces más caro que el riego de vid.
Esta brecha abismal revela que el recurso más crítico de la región es, al mismo tiempo, el insumo al que menos valor económico le asigna la cadena productiva. Es un recurso sin precio en la estructura de costos.
A pesar de la escasez , los productores vitivinícolas omiten el valor del agua en sus planillas, enfocándose prioritariamente en la mano de obra, los fertilizantes y las amortizaciones. La ineficiencia del sistema es notable: con los rendimientos actuales de 15.000 kg por hectárea, se requieren aproximadamente 1.333 litros de agua para producir un solo kilo de uva Cereza, la especie más plantada y de mayor potencial productivo.
El cálculo y la huella hídrica
En San Juan, una hectárea de vid consume teóricamente unos 10 millones de litros de agua al año (10.000 m³). Sin embargo, debido a que la eficiencia de riego actual es de apenas el 50%, el productor debe aplicar en realidad 20 millones de litros (20.000 m³) para que la planta reciba lo que necesita.
El promedio actual en San Juan es de sólo 15.000 kilos por hectárea. Al dividir los 20 millones de litros por esos pocos kilos, el resultado es alarmante: se necesitan 1.333 litros de agua para producir un solo kilo de uva.
Si tomamos como referencia el canon de riego en departamentos como Caucete, Hidráulica cobra unos $39.700 por hectárea al año. Al dividir ese costo por los 15.000 kilos producidos, el agua cuesta apenas $2,64 por cada kilo de uva. Y, nuevamente al fraccionar esos $2,64 por los 1.333 litros que se usaron para obtener ese kilo, llegamos a la cifra final: $0,00198 por cada litro de agua de riego.
Otra problemática surge al observar el estado de los pagos de los cánones de riego. Se estima que tan solo el 15% de las cuentas del Departamento de Hidráulica están al día.
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Para ponerlo en perspectiva con la economía doméstica: una familia en la Capital de San Juan que paga una factura mensual de $30.020 y consume (según el cálculo de OSSE de 600 litros por persona) unos 72.000 litros al mes, termina pagando $0,42 por cada litro de agua potable.
La conclusión es matemática y ética: el valor del litro de agua potable es 200 veces mayor que el valor del litro del agua de riego ($0,42 vs $0,0019). Es importante aclarar que este es un cálculo estimativo, porque en la práctica la mayoría de los productores están obligados a extraer el agua de pozos debido a la baja eficiencia global de la gestión del agua superficial.
Trabajadores: la variable de ajuste y el «folclore» de la crisis
Mientras los bodegueros denuncian la peor crisis de los últimos 25 años debido a la caída del consumo interno y la asfixia financiera, los representantes de los trabajadores sostienen una visión opuesta. Desde la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas (FOEVA), afirman que la crisis es un «folclore» anual diseñado para fijar techos salariales bajos y pagar precios de miseria por la uva.
La realidad salarial de los trabajadores registrados —unos 9.000 en San Juan— es precaria: un obrero de viña percibe $739.108 y uno de bodega $838.889. Esta situación empuja a muchos trabajadores a la informalidad, prefiriendo el trabajo «en negro».
Según datos de 2024 de El Cóndor Observatorio económico, el sector agropecuario en San Juan y en especial la industria vitícola atraviesa una crisis. En los últimos 15 años, su capacidad de empleo registrado cayó 58%.

Subsidios y contradicciones oficiales
El Gobierno de San Juan mantiene un discurso de optimismo, destacando que el sector es el segundo motor exportador de la provincia, con ventas al exterior que superan los U$S 130 millones en 2025.
Sin embargo, para paliar la crisis, el Estado interviene a través del Banco San Juan lanzando líneas de crédito para cosecha y acarreo con una tasa subsidiada en un 20%. Estos préstamos ofrecen hasta $60 millones para productores.

Sin embargo, el contraste es crítico: el Estado subsidia el costo financiero de las empresas y mantiene el precio del agua de riego en niveles irrisorios, mientras el 90% de las bodegas argentinas están potencialmente en venta y los trabajadores subsisten con salarios que no cubren la canasta básica.
La crisis vitivinícola parece ser, en última instancia, una crisis de gestión del valor, donde se gestionan ineficientemente los recursos naturales y se precariza el trabajo humano bajo el amparo de subsidios estatales.

