Con la olla al hombro: la Garganta Poderosa busca el reconocimiento salarial para cocineras comunitarias

El pasado 5 de junio, la organización social presentó el Proyecto de Ley de Reconocimiento Laboral para trabajadoras y trabajadores de comedores comunitarios. Lo hicieron mediante la diputada por el Frente de Todos, Natalia Zaracho.

En los barrios populares, muchos niños, niñas, adolescentes, personas en situación de calle o incluso familias enteras tienen acceso a un plato de comida gracias a los comedores y merenderos que existen a lo largo y ancho del país. Quienes se aseguran de que esta asistencia alimentaria llegue a las personas que más lo necesitan son las cocineras comunitarias. Se trata de mujeres que trabajan los 365 días del año, que se ponen la olla al hombro para miles de personas, pero que son invisibilizadas por el Estado que no reconoce formalmente su labor.

El pasado 8 de marzo, con motivo del Día Internacional de la Mujer, la organización social La Garganta Poderosa impulsó un Proyecto de Ley de Reconocimiento Laboral para las personas que trabajan en comedores y merenderos de Argentina. El objetivo es garantizar la remuneración salarial y los derechos laborales a las trabajadoras. Casi tres meses después, en junio, la organización presentó este proyecto en el Congreso de la Nación Argentina a través de la diputada del Frente de Todos, Natalia Zaracho. 

La Garganta Poderosa surge en 2004 como un movimiento villero, precisamente en la Villa Zavaleta ubicada en la Ciudad de Buenos Aires. Es una organización social que tiene más de 100 asambleas en representación de barrios populares y villas en todas las provincias del país; como así también en otros países de latinoamérica como Brasil, Paraguay, Bolivia.

A través de la propuesta legislativa presentada, se plantea la creación de un Programa Nacional de Trabajadoras y Trabajadores de Comedores y Merenderos Comunitarios, dentro del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación. Como así también, un salario no menor al salario mínimo, vital y móvil fijado, que se pague directamente a los y las trabajadoras en una cuenta bancaria única e intransferible. 

En San Juan, La Poderosa trabaja en el Barrio Malvinas 2 ubicado en Chimbas y realiza tareas territoriales tales como cuidado doméstico, asistencia alimentaria y actividades culturales para infancias y adolescencias. Allí funciona el comedor y merendero “Los tikis poderosos” de lunes a viernes donde vecinos y vecinas acceden a un plato de comida. Según Anahí Pizarro, integrante de la organización, “la realidad es que las trabajadoras de comedores y merenderos trabajamos de 6 a 8 horas diarias, sin un salario, sin jubilación ni obra social, sin licencias por enfermedad o maternidad”.

La Poderosa busca visibilizar, mediante esta iniciativa, las realidades de quienes trabajan en comedores, pero también de quienes necesitan asistencia alimentaria que, según el Ministerio de Desarrollo Social, son aproximadamente 10 millones de personas. Además, cabe destacar que en los últimos años un porcentaje de la población argentina se encuentra en condiciones de inseguridad alimentaria. La inseguridad alimentaria hace referencia a la reducción involuntaria por razones económicas de la porción de comida y/o la percepción de experiencias frecuentes de hambre. El informe “Radiografía de la pobreza en Argentina: privaciones sociales y desigualdades estructurales» del Observatorio de la Deuda Social Argentina (dependiente de la Universidad Católica Argentina) relevó que, en 2022, la inseguridad alimentaria alcanzó a un 18,6% de los hogares.

En tiempos de crisis, comedores comunitarios presentes

Para conocer el contexto histórico en el que surgieron los comedores comunitarios en Argentina, debemos remontarnos a la situación de crisis hiperinflacionaria ocurrida en 1989, que demostró un desmoronamiento del modelo de inclusión social y de movilidad social ascendente del Estado. Los altos índices de inflación generaron un deterioro en las condiciones de vida que se expresó en las necesidades alimentarias y en una mayor dependencia de las familias a ayudas estatales. Sin embargo, estas asistencias no fueron suficientes y, en consecuencia, los barrios populares comenzaron a organizarse colectivamente.

Así se fueron conformando las ollas populares y los comedores comunitarios. Estas estrategias colectivas constituyeron verdaderos mecanismos de lucha y resistencia frente a los efectos de la crisis. Si bien estas formas de asociación se pensaron en su momento como prácticas temporarias, se consolidaron en 2001 con el estallido social como contexto y por ende con los índices de pobreza y desempleo. Al día de hoy, esos comedores siguen funcionando y asistiendo a sectores vulnerados de todo el país. 

Los hechos son hechos: referentes de La Garganta Poderosa afirman que hace más de 40 años, vecinas y vecinos de centenares de barrios (en su mayoría mujeres y disidencias sexuales) dedican entre 8 y 10 horas diarias en alimentar a la población que no puede tener las cuatro comidas garantizadas en su mesa. Según el Registro Nacional de Comedores, son alrededor 35.000 los comedores que existen y casi 135 mil las personas que trabajan en ellos. 

La necesidad de esta Ley de Reconocimiento Laboral y Salarial se refleja, para Anahi, en el hecho de que “hay compañeras que hace 30 años trabajan sosteniendo comedores y no tenemos salario por ello. Autogestionamos lo necesario para hacer la comida a diario, para entregar a les vecines una comida nutritiva y para eso hacemos actividades económicas como venta de pan y empanadas o rifas”. Cabe destacar, a su vez, que se trata de un tema que los feminismos pusieron en la agenda debido a que, quienes se encargan de estas tareas comunitarias de cuidado doméstico, son en su mayoría mujeres. Es por esto que se habla de un “triple trabajo” para ellas: las tareas que cada mujer realiza en su casa, el trabajo del día a día para sostener a sus familias y el trabajo en los comedores comunitarios. 

Desde La Poderosa buscan que el proyecto sea una iniciativa popular. Actualmente están realizando una campaña para juntar 500 mil firmas que de fuerza a la propuesta legislativa. Algunas de las organizaciones nacionales que acompañan y apoyan el proyecto de ley son el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), el Movimiento Evita, el Frente Patria Grande, entre otras; que también cuentan con comedores y trabajadoras comunitarias. 

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