Chimbas, línea de tiempo del culebrón político de verano
Presupuesto, veto, ruptura y un Concejo en tensión. La pelea entre Daniela Rodríguez y Fabián Gramajo sacude Chimbas y repercute en la política provincial.
El culebrón político del verano sanjuanino tiene escenario fijo: Chimbas. La trama, por ahora, ofrece todos los condimentos clásicos del género. Desamor, disputa de poder, lealtades que se corren, rumores que crecen y apoyos que se mueven en las sombras. En fin, material más que suficiente para que la prensa provincial siga, casi en tiempo real, una historia política que vino a llenar de contenido los portales en plena temporada estival.
La realidad es que ya no es un secreto para nadie. La relación entre el exintendente y la actual mandataria se transformó en un escenario de guerra declarada, con un quiebre que, por ahora, no parece tener retorno. Después de haber sido socios políticos —y también matrimonio—, el vínculo se rompió. Desde entonces, Daniela Rodríguez empezó a construir vida política propia, cada vez más lejos de la sombra de Fabián Gramajo.

El exintendente, sin embargo, conserva una pieza clave de poder: el control del Concejo Deliberante. Lo hace a través de cinco concejales leales. Desde el entorno de Rodríguez sostienen que Gramajo utiliza esa mayoría para intentar montar un “municipio paralelo” y recortar, vía presupuesto, la capacidad ejecutiva de la intendenta.
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Mientras Gramajo intenta sostener su hegemonía territorial con la mira puesta en proyecciones provinciales, Rodríguez juega otra partida. Usa la chequera y la pantalla municipal para consolidar su propia figura política. Incluso dio un gesto simbólico: dejó de utilizar el apellido de casada en sus comunicaciones oficiales.
Como en toda serie que se precie, el conflicto ya tiene material suficiente para un “previously”. Un repaso necesario para entender cómo se llegó hasta acá.
¿Cómo empezó todo?
El 29 de diciembre de 2025, el Concejo Deliberante aprobó el Presupuesto 2026, aunque no sin cambios de peso respecto del proyecto original enviado por el Ejecutivo. El punto más sensible fue el aumento de los fondos destinados al propio Concejo, que pasó de representar el 3,34% del total de los recursos municipales —unos 1.189 millones de pesos— a un 11,79%, es decir, cerca de 4.200 millones.
La ordenanza también avanzó sobre otro punto polémico: la creación de 12 nuevos cargos políticos y de una estructura administrativa paralela dentro del Concejo. Entre otras áreas, se preveían direcciones propias de Recursos Humanos y Compras, además de un bloque unipersonal para el giojista Luciano Cano.

Para financiar ese esquema, los concejales recortaron partidas destinadas a publicidad oficial, mantenimiento del Camping Municipal, la fiesta departamental y la compra de equipos informáticos.
La reforma fue impulsada por el bloque Chimbas Te Quiero, alineado con Gramajo. Lo integran Ariel Riveros, presidente del cuerpo, junto a Augusto Neyra, Ivana Cortéz, Noelia Tortarolo y Leonela Yúdica. A ese núcleo se sumaron los votos de Eduardo Rodríguez, de Cambia San Juan, y de Griselda Chávez, del espacio libertario.
El 14 de enero de 2026, a pocas horas de que venciera el plazo legal, Daniela Rodríguez formalizó el veto total al presupuesto sancionado por el Concejo. En su argumentación habló de un “grave avasallamiento de competencias” y denunció un intento de construir un “municipio paralelo”.
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También sostuvo que los ediles habían aprobado un aumento en su salario con un objetivo indirecto: elevar sus propios haberes, que por ley están atados al sueldo de la intendenta.
Desde el Concejo, la respuesta llegó por boca de su presidente, Ariel Riveros. Cuestionó que el veto fuera total y no parcial, y defendió la reasignación de partidas como una herramienta legal. Según su postura, el monto global del presupuesto municipal no había sido modificado.

Entre paréntesis, Rodríguez anunció el 15 de enero el pago de un bono de $120.000 para los empleados de planta permanente, a lo que los concejales tildaron de «incoherente» señalando que ella había advertido previamente que no tendría recursos para bonos o aumentos debido a las modificaciones presupuestarias del Concejo. Según los ediles, los fondos para ese pago ya estaban contemplados en el presupuesto que fue vetado.
En este berenjenal, el Concejo intentó avanzar con una sesión para insistir con la ordenanza, una jugada que requiere mayoría calificada de siete votos. Sin embargo, la estrategia empezó a mostrar fisuras. El sábado 17 de enero, un intento de sesión extraordinaria fracasó por falta de quórum.
Como suele ocurrir en los capítulos de relleno de toda novela política, aparecieron nuevos protagonistas que estiraron la trama. El 19 de enero se hizo pública la “bajada de línea” hacia la concejal libertaria Griselda Chávez.

Desde el sector que responde a José Peluc le ordenaron no acompañar la creación de nuevos cargos políticos, por considerar que esa decisión va en contra del ideario de Javier Milei. El dato no pasó inadvertido, ya que Chávez había votado el presupuesto. Giro argumental —plow twist—.
En la misma sintonía, el concejal Eduardo Rodríguez, del PRO–Cambia San Juan, también expresó reparos a la idea de insistir con la ordenanza. Esa indefinición terminó de licuar la mayoría de siete votos necesaria para revertir el veto de la intendenta.
¿Qué ocurre ahora si el veto de Rodríguez no se revierte?
Si el Concejo Deliberante no logra revertir el veto total impuesto por la intendenta Daniela Rodríguez —una decisión que exige una mayoría calificada de siete de los diez concejales— se abriría un nuevo escenario, con consecuencias tanto administrativas como políticas
En lo inmediato, la Intendencia debería funcionar con las partidas prorrogadas del ejercicio fiscal 2025. En términos concretos, volver al presupuesto del año pasado.

Según trascendió en algunos medios, en el entorno de la intendenta no ven con malos ojos ese escenario. Consideran que trabajar con las partidas de 2025 le resultaría funcional a su gestión, ya que elimina el peso de los fondos que el Concejo se había asignado para 2026. Cabe recordar que los ediles pretendían elevar su presupuesto del 3,34% al 11,79% del total de los recursos municipales.
Además, quedaría sin efecto la creación de los 12 nuevos cargos políticos y de las direcciones administrativas —como Recursos Humanos, Compras y Suministros— que el Concejo buscó incorporar bajo su órbita.
La caída de la ordenanza también dejaría sin efecto el aumento en la remuneración de la intendenta que los concejales habían aprobado. Una decisión que, según denunció Rodríguez, tenía como objetivo final elevar sus propios haberes, ya que por ley los salarios del cuerpo deliberativo están atados al sueldo del Ejecutivo.

En el plano político, el escenario implicaría una derrota —aunque parcial— para el gramajismo. Sería un revés tanto para los concejales alineados con el exintendente Fabián Gramajo como para el propio dirigente. La posibilidad es concreta, ya que la concejal libertaria Griselda Chávez recibió la orden de su espacio de no acompañar la creación de cargos políticos. Chau mayoría necesaria.
Si el Concejo insistiera con la ordenanza, el conflicto escalaría de manera inevitable al terreno judicial. Si el veto se mantiene, esa instancia podría evitarse. Sin embargo, la crisis institucional y el quiebre político entre los poderes del municipio seguirían latentes.
Quilombos for export
Pero la crisis política en Chimbas no se agota en el Concejo Deliberante ni en el Palacio Municipal. Las fichas se mueven y el conflicto empieza a trascender lo departamental para convertirse en una variable que incide en el equilibrio de poder provincial. La incertidumbre en la trama de la novela aumenta.
En ese tablero aparece la figura clave del diputado por Chimbas Gabriel Sánchez. Su rol funciona como puente entre el conflicto municipal y la frágil estabilidad del oficialismo provincial. Sánchez responde políticamente a Fabián Gramajo y a su espacio, San Juan Te Quiero.
El dato no es menor. El gobierno provincial cuenta con apenas 12 votos propios sobre un total de 36 en la Cámara, y depende de aliados circunstanciales para avanzar con su agenda. Sánchez suele ser uno de ellos. Lo fue, por ejemplo, en votaciones sensibles como la rescisión del contrato de El Tambolar, la adhesión al RIGI y la designación del Fiscal General.

Para el gobierno provincial, un respaldo explícito a la intendenta Rodríguez en su disputa presupuestaria implicaría el riesgo concreto de perder el acompañamiento de Sánchez en la Legislatura. Una señal de ese tipo podría debilitar, aunque sea parcialmente, la capacidad de gestión del gobernador Marcelo Orrego a nivel provincial.
En ese marco, el Gobierno de San Juan ensaya una postura ambivalente y cuidadosamente estratégica frente a la crisis chimbera. Puertas adentro conviven, al menos, dos líneas.
Por un lado, una apuesta a la paz con Gramajo, que prioriza la gobernabilidad legislativa y busca preservar la buena sintonía con el exintendente para no perder el respaldo del diputado Sánchez en votaciones clave.
Por otro, una línea que evalúa un acercamiento a Rodríguez. Algunos sectores del Ejecutivo provincial creen que apoyarla, con la mira puesta en 2027, permitiría dividir al peronismo en un departamento electoralmente esquivo y que, además, es el segundo más populoso de la provincia.

Algunas señales alimentan esa hipótesis. En el oficialismo provincial destacan la buena relación pública entre Rodríguez y el vicegobernador Fabián Martín, quien estuvo presente tanto en su asunción como en la apertura de sesiones del Concejo. Incluso circulan versiones que señalan que la intendenta podría integrar, a futuro, una fórmula del oficialismo para aportar “volumen peronista”.
Del lado del peronismo, el respaldo más visible provendría de un intendente cercano a Rodríguez. Tan cercano que comparten límites, con el río San Juan de por medio. Más allá de ese apoyo puntual, por ahora no aparecen demasiadas manos tendidas.
Tal vez en el peronismo prefieran esperar. Ver cómo se resuelve esta novela antes de tomar partido. Para cuando termine, habrá que esperar un spin-off, pero, por el momento, Chimbas vende pochoclos.
