Hay que dejar de darle fama a influencers de mierda

Niño Marta hostigó a una trabajadora y se burló de quienes lo cuestionaron. Tener una audiencia implica una responsabilidad que las reproducciones no borran.

Sandra estaba trabajando. Acomoda carritos y ayuda a los clientes a cargar mercadería a cambio de propinas en el Carrefour de avenida Libertador y General Acha. Santiago Fernández, conocido como El Niño Marta, la hostigó, se rio de ella y después llamó “ignorantes” a quienes le pidieron explicaciones.

El video fue difundido por Los Cazadores de Noticias. Sandra protesta por el trato que recibe y reivindica que está trabajando. Fernández continúa molestándola. Hacia el final le dice “te voy a escrachar” y repite varias veces “mogólica”, utilizado como insulto discriminatorio.

En La Mecha decidimos contar el episodio sin volver a publicar esas imágenes. La reacción de Sandra no necesita seguir circulando para que podamos cuestionar a quien la maltrató.

Su presencia en el supermercado tiene una historia de años. Según una persona que la conoce desde su infancia, realiza esa actividad desde los tiempos de Casa Tía. Vive en Pocito y viaja en colectivo para trabajar cuando puede pagar el pasaje. Antes de convertirse en protagonista de una grabación, tenía una rutina que sostener. La sigue teniendo.

Fernández respondió en una historia de Instagram. “No sean tan ignorantes. Yo no voy a salir a hablar nada porque ya me cansé”, dijo. También afirmó estar acostumbrado a “estas huevadas que arman”. A los influencers que dejaron de seguirlo les dedicó otra respuesta. “Para todos los influencers que me están dejando de seguir, chicos, qué lindo”, expresó. Después agregó “les mando un besito bien en la rosca”.

Frente a un reclamo por su conducta, eligió descalificar a quienes lo cuestionaban. La trabajadora y el trato que recibió quedaron fuera de su respuesta.

A fines de agosto, una mujer trans ya lo había señalado por un episodio de violencia en un boliche sanjuanino. Denunció públicamente que un grupo de personas, entre las que mencionó a Fernández, la había atacado y que recibió un botellazo en el rostro. Él negó haberla golpeado y sostuvo que existía un conflicto previo relacionado con su pareja. Esa denuncia no prueba lo ocurrido con Sandra, pero forma parte de los antecedentes públicos del influencer.

Otro influencer, Facu Clavero, puso en palabras una responsabilidad que merece discutirse. En una reflexión sobre las conductas de algunos creadores de contenido de la provincia, sin identificar a la persona a la que se refería, cuestionó que usaran su posición para maltratar o burlarse de otros. “Nosotros tenemos una herramienta para ayudar, para trabajar, para generar plata, una facilidad que pocas personas pueden tener”, expresó. También sostuvo que “mínimo habría que pedir disculpas, después ver cómo se sigue”.

Lo que está claro es que una audiencia abre oportunidades y también exige hacerse cargo de lo que se hace con ella. Quien tiene seguidores puede instalar una versión, exponer a otra persona y responder desde sus propias redes. La persona filmada puede quedar reducida a unos segundos que desconocidos comparten y juzgan.

Además, el repudio puede darle más visibilidad al influencer. No sabemos si Fernández buscaba ese resultado. Pero cada discusión sobre su conducta puede acercar su nombre a personas que antes no lo conocían. La atención sigue creciendo mientras el costo de la exposición queda sobre Sandra.

Por eso, dejar de seguir también es una decisión. Podemos retirar nuestro apoyo a quienes usan una audiencia para maltratar y después se burlan del reclamo. Podemos elegir a quiénes les damos tiempo, reconocimiento y oportunidades.

Sandra necesita seguir ganándose la vida. Fernández tiene que responder por su conducta. Conseguir reproducciones no vuelve menos despreciable el hostigamiento. Y tener fama no da derecho a humillar a nadie.

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