BMX, industria nacional y Hardcore: Groove Store, la resistencia del under

En calle Tucumán y Mitre, Groove Store es mucho más que un local de ropa: un refugio para la cultura urbana, el skate, el BMX, la música y la nostalgia noventosa.

Todo arrancó allá por el 2010 en la Plaza España, cuando Nacho Luna, creador de Groove Store, tenía 15 o 16 años y vio a un vago tirar un tailwhip (girar toda la bici en el aire). En ese momento le explotó la cabeza; fue como un Big Bang. No solo fue la puerta de entrada al mundo del BMX sino la semilla de una cultura que después sería su estilo de vida y sustento.

Para el que pasa y mira de afuera la vidriera por la vereda de Tucumán y Mitre, Groove Store es un local de ropa. Para el que alguna vez anduvo en BMX, skate, escucha rap, hip-hop, hardcore, punk, grafitea, tiene una banda de rock o solo es un nostálgico de los 90, entonces Groove es un refugio.

La escuelita Nacho fueron los videos de internet y el soundtrack del juego de la Play 2 de Tony Hawk. Ahí descubrió bandas de punk, hardcore y hip hop que le volaron la peluca y le dieron esa estética rebelde de finales de los 90. 

En esa época en San Juan hubo un boom del skate y el BMX. Las plazas eran territorio de guerra entre los pibes y pibas que practicaban el deporte y los transeúntes y vecinos que los miraban con prejuicio y recurrían a la policía. 

Plaza Laprida Año 2014.Foto: Diario Móvil.

Nacho cuenta que en un momento se puso heavy porque hubo una medida judicial que prohibía patinar en la calle. Efectivamente, en 2013 Horacio Morando, titular del Primer Juzgado de Faltas decidió multar por $500 a un joven por andar en skate. Era una declaración de guerra. 

Lejos de achicarse, la comunidad se organizó en marchas y rodadas desde la Plaza Aberastain hasta el Patio Alvear. Fue un antes y un después: la persecución los unió y les dio visibilidad como deportistas que solo pedían un lugar adecuado para no terminar en el calabozo. Esos fueron los primeros pasos en una comunidad que empezaba a organizarse y de una cultura que emergía. 

Nacho pasó por la carrera de Abogacía, pero se escapaba de las clases para meterse de oyente en Artes Visuales porque sentía que lo suyo iba por otro lado. Después de laburar en una marca local donde aprendió serigrafía y a manejar riders, decidió armar su propio camino. Empezó en un rincón del comercio familiar vendiendo remeras de bandas de rock, que fue la base para desarrollar su verdadera visión: Groove.

Groove Store surgió de una necesidad profunda: crear un espacio donde la identidad y la representación fueran lo primero. Para Nacho, el proyecto nunca fue simplemente un local de ropa, sino un punto de encuentro para nuclear todo el universo de los deportes extremos, el hip hop y la cultura urbana.

Su visión era que cualquier pibe, sin importar cómo viniera vestido o si traía las zapatillas gastadas de tanto andar, se sintiera parte del lugar y bien recibido, bajo la premisa de que «el sol sale para todos». Con ese espíritu de comunidad, Groove empezó a bancar activamente eventos de punk, batallas de freestyle y competencias de BMX, convirtiéndose en un motor fundamental y sponsor principal del under sanjuanino.

Aguantar los trapos: la industria nacional como bandera

La apuesta por trabajar con marcas nacionales tiene que ver con la convicción de bancar un circuito económico que fortalece a los deportistas. Hay una cadena que se retroalimenta y es fundamental para que la cultura de los deportes extremos en Argentina pueda desarrollarse y sostenerse en el tiempo.

El esquema funciona porque hay un fabricante argentino que produce el material y apuesta por los deportistas locales. A su vez los riders representan a la marca y reciben a cambio un sueldo o el equipamiento necesario para seguir entrenando a un nivel de élite que de otro modo sería inalcanzable. Después el skateshop actúa como el intermediario y punto de venta fundamental, mientras que el consumidor cierra el círculo al comprar productos nacionales, permitiendo que las marcas sigan financiando a los deportistas. 

Groove Store trabaja con marcas como Ficción, Piruso, Rigid y Vieja School, porque cree que es fundamental mantener el circuito vivo. Además porque hay productos de calidad y con una identidad marcada, no es la remera genérica importada.

Hoy, en pleno 2026, la mano viene durísima. Nacho confiesa que este es el peor año financiero en una década por la baja del consumo y la competencia con lo importado. Producir una remera acá cuesta el triple que traerla de China, pero él sigue ahí, en modo resistencia, buscando la forma de reestructurarse sin perder la esencia. 

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