VOLVER A EVITA: ¿quiénes son nuestros descamisados?

Volver sobre Evita y repasar su historia es también repasar la historia de nuestro pueblo. Hoy, el país y el contexto son otros pero algunas necesidades no han cambiado. ¿Por qué es necesario recordar a Eva? ¿Quiénes son los “descamisados” de nuestros días?

La figura de Evita parece hoy casi improbable, casi salida de un cuento: una chica pobretona que llega a la ciudad de Buenos Aires en busca de la fama actoral; la consigue, se casa con uno de los hombres más importantes de la política nacional y construye su propio camino. Así, una mujer que tomó por arrebato el espacio público, hizo de un lugar común -ser la primera dama- un lugar revolucionario. 

En resumidas cuentas, pensamos en el camino de una heroína, pasando por alto la tristeza de su muerte anticipada y los ultrajes de su cuerpo que fue terreno de obsesiones morbosas. Para interiorizarnos en esa historia después podemos maratonear viendo a Natalia Oreiro en Star +. 

recordar a Evita nos permite preguntarnos de qué lado estamos o de qué lado quisiéramos estar

Ahora, recordar a Evita nos permite preguntarnos de qué lado estamos o de qué lado quisiéramos estar. Porque si hay algo que siempre hizo fue posicionarse en un lugar, construirlo, preservarlo, militarlo con la vida. Evita adoptó el lugar de los excluidos porque esa era también su historia. Y allí se quedó, firme. 

Pero hoy, la pregunta de quiénes son los “excluidos” encuentra respuestas distintas que en aquel entonces. En una actualidad donde no existe el pleno empleo ni hay lugar para que todos nos convirtamos en “obreros de la patria”, las preguntas son más difíciles de responder. 

Cuando el Estado no llegó y tampoco el mercado, faltó empleo. Entonces, muchos y muchas se organizaron y -como la necesidad agudiza el ingenio- crearon su trabajo, lo nombraron y lo cooperativizaron. Se pusieron chalecos de distintos colores, de distintos sectores, en distintas latitudes del país y dijeron: acá existe una necesidad. Y “donde existe una necesidad, nace un derecho”. Así surgieron múltiples ramas de lo que hoy decimos es la economía popular; a raíz de personas que se las ingeniaron frente a la exclusión del ‘mercado laboral formal’ y construyeron alternativas desde los márgenes. 

Pensaríamos que las necesidades son muy diferentes a cuando Evita construyó la fundación que lleva su nombre pero, en verdad, no todas han cambiado. Aún hay panzas gruñendo, niños sin escuelas, familias sin techo, desocupados sin empleo y todo lo que ya sabemos. Es decir, aún existen necesidades vitales insatisfechas y, entonces –más allá de la estadística y los porcentajes-, existe indigencia. Nuestros excluidos organizados no pretenden “vivir del Estado”, pretenden que un Estado de Derecho les garantice lo que es suyo: el derecho a una vida digna en la -al menos- sus necesidades elementales estén cubiertas. 

La iniciativa es, hasta ahora, la única alternativa concreta que busca solventar la urgencia de muchos y muchas que, al agudizarse la crisis, ven agudizados también sus padecimientos.

En ese marco es que surge la propuesta de un Salario Básico Universal encarada por el Frente Patria Grande. La iniciativa es, hasta ahora, la única alternativa concreta que busca solventar la urgencia de muchos y muchas que, al agudizarse la crisis, ven agudizados también sus padecimientos. Y, si hubiera otra iniciativa viable -que no fuera vender algún órgano-, estaría aquí plasmada, pero no la hay o, al menos, no en el corto plazo. 

Por eso, diputados y diputadas (FdT) como Natalia Zaracho o Federico Fagioli, que supieron ser también excluidos, reivindican la Evita que incomodó a los poderosos y que se paró frente a las injusticias. Ellos saben que hay un derecho por conquistar y que el Estado debe estar ahí para garantizarlo. ¿Cómo no estaría Evita de su lado?

La labor de Evita se radicó en los vulnerados, en sus descamisados. Seguimos volviendo a Evita para evocar la vehemencia, la esperanza y la fuerza que cuesta encontrar por estos días. Hoy,  recordarla nos requiere poner el foco en esos excluidos, en esas necesidades tan básicas como insatisfechas y dejar de esperar que el crecimiento de nuestro país se derrame hacia nosotros como por arte de magia. 

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